La vida es móvil: útiles consejos para utilizar tu smartphone de forma elegante

Evidentemente nos enganchamos al móvil porque cada vez tiene más prestaciones y, por decirlo sencillo, cada vez son más atractivos. Y como todos el mundo tiene uno…

móvil
Backstage de Laroche

 

Antes que nada hay que decir que son pesadísimas todas aquellas personas que van de rurales y no tienen móvil, e incluso hacen campaña en contra del mismo, para luego pedirte el tuyo cuando necesitan llamar; son como los que no fuman, excepto tus cigarrillos. Y una cosa es estar enganchado al móvil y la otra, igualmente lamentable o peor, es estar enganchado al móvil del de enfrente.

Como todos hemos visto películas de ciencia ficción, ahora creemos que esto, manejar un móvil, es el futuro; y nos creemos por ello definitivamente modernos.

Es habitual exclamar, una o dos veces al mes, frases del tipo "pues antes no sé como nos lo hacíamos sin móvil –o sin gps, que esa es otra-", cuando lo que realmente es soprendente es que antes las mujeres, por poner un ejemplo fácil, no podían votar y hoy sí, los negros eran esclavos y hoy no, etc. Nos sorprende más poder llamar por teléfono desde cualquier sitio a que nuestra madre pueda votar.

Luego está el síndrome del control. En un mundo con prisas y desordenado (o descontrolado por definición) nos parece que podemos controlar algo, nuestro pequeño mundo, gracias al móvil.  Así de pequeños somos.

Otro problema es el de la comunicaión excesiva y la falta de imaginación:

Ya no sabemos ir sin móvil. Somos auténticos androides. 

Cuando te dejas el móvil en casa te entran sudores fríos. Taquicardias. Estás mal, como si te faltara un brazo. Es una sensación similar a la que se tiene cuando, aún teniendo móvil, lo tienes sin batería. ¿Cuánta gente con cara de pánico no nos ha preguntado si teníamos una batería de tal o cual modelo? Es la misma cara de pánico de los padres cuando han perdido a un hijo en un supermercado.

Por otro lado, como siempre vamos con el móvil, no paramos de comunicarnos. Nos comunicamos en exceso y comunicamos cosas que, de otro modo -o sea, sin móvil- no comunicaríamos. A saber: subo, bajo, entro, en diez minutos estoy aquí, en cinco minutos estoy aquí, ya estoy aquí, ok, ok, ok, me voy, embarco, apago el móvil, te llamo, aterrizo, estoy en el taxi, ya estoy a un cuarto de hora de casa, a diez minutos, a cinco, ya estoy aquí.

Yo estoy en contra de la comunicación. No creo que haya que comunicarse tanto. Vivimos inmersos en la necesidad de comunicar. Es culpa de los piscólogos y de los móviles. Tienes que comunicarte con la pareja (craso error), con tus hijos (error), con tus padres, amigos, vecinos y compañeros de trabajo… Tienes que comunicarte y ser comunicativo. Y, a veces, mejor sería callarse. Tenemos miedo al silencio y al final acabas diciendo cosas que realmente no hace ninguna falta decir.

Luego pasa que la gente pierde la imaginación sistemáticamente. Como has "comunicado que en diez minutos estás en casa", pero ya han pasado quince, la persona comunicada empieza a ponerse histérica, a llamarte a ti, a la policía, a los bomberos. Porque piensa que "ya te había pasado algo". Y lo único que pasaba es que tenías el móvil silenciado (bronca) y que antes de pasar por casa querías sorprenderla comprándole, yo qué sé, galletas de chocolate para acompañar la maldita menta poleo de la noche. 

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