Estas son las claves para triunfar hablando en público

Saber hablar en público y comunicar es una de las habilidades más valoradas para el acceso a puestos directivos y mandos intermedios. especialmente, en el caso de mujeres que se enfrentan a la gestión de equipos.

Felicity Jones caracterizada como la juez Ruth Bader Ginsburg en 'Una cuestión de género'.

El acceso de la mujer a puestos de alta dirección de las empresas que cotizan en España sigue siendo alarmantemente bajo. Los datos de la CNMV publicados el pasado octubre señalaban que apenas el 14,8% de los cargos directivos de las empresas españolas cotizadas en 2017 fueron ocupados por mujeres, cifra que aumenta hasta el 18,9% si hablamos de la presencia femenina en los consejos de administración de las mismas compañías, muy lejos del 30% que el Código de buen gobierno marca para el año 2020. Es evidente que el famoso techo de cristal es una realidad tangible, ya que ni en formación ni en dedicación existe una razón objetiva que justifique esta situación.

La comunicación es una de las herramientas más efectivas para romper esa barrera invisible que boicotea la promoción de la mujer en el ámbito laboral y empresarial. Cuando hablamos de cargos de alta gestión los conocimientos y las habilidades técnicas que se posean significan poco si no van acompañados de un revestimiento de marketing personal y una buena dosis de habilidades sociales, elementos asociados a la cualidad del liderazgo. Aprender a hablar en público es la mejor inversión que una mujer puede hacer para empezar a escalar laboralmente.

El miedo a los otros

Por qué nos cuesta tanto hablar en público es algo que la periodista Mónica Pérez de las Heras, directora de la Escuela Europea de Oratoria con sede en Madrid, se ha dedicado a estudiar en profundidad, llegando a la conclusión de que la causa es, en esencia, el miedo. "En primer lugar, el sentido del ridículo en España lo llevamos en las venas. Nos han inculcado desde pequeños el miedo al qué dirán. Y como suelo decir en clase: ¿te imaginas todas las cosas que has dejado de hacer en tu vida por el dichoso sentido del ridículo?", escribe Pérez de las Heras en su blog. "El segundo elemento es la falta de sentido del humor. Sí, claro que los españoles nos reímos mucho, pero... de los demás. Nos hace falta ser capaces de reírnos de nosotros mismos. Y la tercera razón es la escasa práctica que hemos tenido en nuestra enseñanza. En la mayoría de los casos no hemos aprendido Oratoria desde pequeños, como sí se hace en otros países". Tan importante es saber hablar en público que supone un factor determinante para conseguir ciertos trabajos. Según Adecco, lo más valorado de entre las habilidades relacionales por los departamentos de Recursos Humanos es el trabajo en equipo (69%) y la capacidad de comunicación (62%), por encima de la empatía, la capacidad de influencia y de poseer una red de contactos. La comunicación se revela crucial sobre todo para puestos directivos y mandos intermedios. Hablar en público es una de las competencias más valoradas por las empresas junto con los idiomas, indispensables en puestos que impliquen gestión de equipos humanos y dotes de liderazgo. Saber hablar en público implica no solo transmitir ideas de una forma eficiente y bien estructurada, sino seducir y contagiar valores. La oratoria no se ciñe a hablar con soltura, sino que su objetivo es llegar a la audiencia, conectar con ella. 

 

Hacia el 'bravo'

Los principales consejos para desarrollar la habilidad de hablar en público de una forma eficiente son dominar la materia a exponer, preparar el discurso, practicar su ejecución y prestar especial atención al lenguaje corporal. Todo lo demás es accesorio, como las presentaciones con proyecciones, que son una herramienta de apoyo, nunca el eje central de la exposición. Mónica Galán Bravo es una experta entrenadora en comunicación, oratoria y comportamiento no verbal que ha desarrollado el Método BRAVO (Alienta Editorial, 2018) como compendio de su experiencia asesorando a directivos y equipos de multinacionales como PwC, Sephora, Telepizza, IKEA, Adecco, Agencia EFE, Leroy Merlin, Sony o Coca-Cola, entre muchas otras. "El Método BRAVO es un manual sencillo y directo para triunfar hablando en público y pasar del miedo escénico al placer escénico. Es un itinerario que consiste en trabajar las cinco dimensiones de un discurso: la Bienvenida, o cómo superar el momento de máxima tensión de una intervención oral, el comienzo; el Reconocimiento a la audiencia, agradecer sinceramente a los oyentes que nos presten sus recursos más preciados: tiempo y atención; la Autoridad, volverte una referencia en tu sector o temática, o proyectarte como si lo fueras hasta lograrlo; el Valor, usar herramientas poderosas como las metáforas y las historias para aportar una verdadera trascendencia a tu discurso; y, como colofón, la Ovación, ese cierre memorable digno de recibir un 'bravo' con todas sus letras". Para esta profesional lo principal es tener en mente al público antes, durante y tras la presentación, mimando el mensaje tanto en la forma como en el fondo y adaptándolo a la audiencia, sus características, necesidades y anhelos. "Se debe tener siempre presente la conexión emocional, que a menudo es la gran olvidada. Cuando vamos a dar una charla queremos aparecer como profesionales y nos empeñamos en dar todos los datos posibles por miedo a perder rigor, pero obviamos intercalarlos con historias que humanicen nuestros argumentos. Siempre es buena idea utilizar anécdotas y ejemplos que acerquen los datos al público, y asegurarte de que conectas con ellos más allá de lo racional". Para ella, el inicio del discurso debe ser firme, ya que "no hay mejor manera de destrozar la imagen que se está haciendo tu público sobre ti en esos primeros segundos que usar el lenguaje dubitativo, así que debes asegurarte de que empiezas apoyándote en tus puntos fuertes". Propone hacer de la mirada una aliada que potencie el discurso, una mirada limpia, serena, clara, sincera y entusiasta, tratando de no dirigirla al techo o al suelo, sino fijarla en el interlocutor o en el público. Lo ideal es mirar a la cara en la franja entre los ojos y los pómulos y evitar centrarse solo en una persona o en las primeras filas. "Me he encontrado que muchas mujeres sufren lo que la psicología positiva define como el Síndrome del Impostor, es decir, nunca nos encontramos suficientemente acreditadas, con un sentimiento de no merecernos estar ahí como ponente. Ellos suelen ser más atrevidos, y si bien a lo mejor no están tan preparados, lo suplen con un arranque de valentía. En la A (Autoridad) del Método Bravo enseño a pasar por encima de ese Síndrome del Impostor, con el 'fake it until you make it', o sea, cómo fingirlo hasta lograrlo, cómo dar un paso adelante. Doy trucos, desde el cuerpo y la voz, para mostrar una seguridad que, si bien aun no se tiene, se puede ir logrando a la vez que se va impostando". 

 

Tomar conciencia 

No controlar el cuerpo juega malas pasadas porque puede hacer que se terminen mandando mensajes visuales que no acompañan al discurso y que merman su eficacia. Para potenciar ese control que refuerce los recursos, facultades y seguridad a la hora de comunicar, resulta de gran utilidad el Método Feldenkrais que Susana Ramón imparte desde hace más de 30 años tras formarse en 1987 con Myriam Pfeffer en París, discípula directa de Moshe Feldenkrais. "El método Feldenkrais no está expresamente orientado a hablar en público, pero, al ser un método que enfoca el desarrollo de la habilidad y capacidad humana a nivel neuromotor, abarca la mejora e incluso la perfección de toda acción humana", aclara Susana Ramón. "Una de ellas es la expresión hablada y la comunicación frente a un público. El método mejorará la consciencia que la persona tiene de sí misma al comunicar, el porte general, la función del aparato de fonación, la respiración, por supuesto, y el tono general de la musculatura del cuello, boca y columna, que son muy importantes a la hora de hablar". 

 Gestión de emociones 

Uno de los principios básicos de este método es la mejora de la autoimagen, formada por el conjunto de patrones y hábitos que hemos heredado o aprendido a lo largo de nuestra vida. "Yo diría que los hombres parecen más dispuestos o habituados a tomar la palabra, saben manejar mejor la comunicación hablada. Las mujeres en general somos más sensitivas o intuitivas y 'sentimos' más las cosas, aunque no siempre sepamos expresarlas claramente. Pero el hecho de saber tomar la palabra tampoco es una condición sine qua non para saber hablar en público. Para ello se necesita una buena gestión de las emociones y carisma. Aunque los hombres parecen más hábiles en estos temas, la gestión emocional afecta tanto a hombres como a mujeres, y a nosotras parece que nos es más fácil tomar consciencia de nuestro cuerpo". El principal error a la hora de afrontar un proceso de oratoria, a juicio de Susana Ramón, es el apoyarse en el propio discurso y darle toda la importancia, cuando debería ser más importante el hecho de conectar o relacionarse con el público. Llegar a la audiencia y mantener su atención depende de cómo nos relacionamos con ella.  

Maneras de actriz

Junto a los aspectos posturales, la gestión de la voz es la causa del otro gran error que se suele cometer al hablar en público, ya que muchos piensan erróneamente que el secreto de la naturalidad está en hacerlo como el que mantiene una conversación con un amigo. Si bien es cierto que la tecnología ha hecho posible que no sea necesario elevar en exceso la voz, sí que sigue resultando fundamental que tanto el volumen como el nivel de energía sean suficientes para mantener la atención del público. Esta es una de las áreas que trabaja más intensamente la actriz Olga Rodríguez en su faceta de preparadora para la realización de exposiciones en público. "Afronto esta labor desde mi formación como actriz. Mis clientes llegan a mí esencialmente porque se ponen nerviosos. Vienen cargados de inseguridades y mi tarea es darles las herramientas para superar ese bloqueo frente al auditorio, les ofrezco técnicas que los actores usamos para relajarnos antes de salir a escena", explica Olga, que diseña un training personalizado para cada cliente que este pueda repetir diariamente en poco tiempo hasta el momento de la presentación. "La percepción que tienen de ellos mismos es su peor enemigo, lo que les genera todas las inseguridades, así que lo primero que hago es delimitar en qué aspectos creen ellos que fallan y sobre esa base trabajamos. Partimos de definir la estructura del discurso, concretar qué quiere contar y cómo. Realizamos un análisis de texto como el que los actores hacemos al afrontar un nuevo papel y los acompaño a través de la etapa de memorización proporcionándoles herramientas, ya que una vez que se define la estructura del discurso y se domina este, se tiene el 50% de las inseguridades superadas, dejando que la personalidad y creatividad de cada orador fluya". 

 

Controlar el aire

Sin embargo, para Olga Rodríguez es casi más importante el cómo se dice, cómo se emplea la más poderosa herramienta del orador: su voz. "Trabajo con mis clientes la dicción de forma intensa para que la persona tenga un material para entrenar constantemente y coja fluidez y claridad, que sepa pronunciar y percutir. Para ser un buen orador lo básico es conseguir que el público te entienda. La respiración es también muy importante para que las frases no se corten y vean trastocado su sentido, por lo que les enseño a usar la puntuación del discurso para que respiren y creen sensación de fluidez". 

Definir el discurso, dominarlo, y emplear las dos grandes armas que todos tenemos a nuestro alcance: el cuerpo y la voz. Esas son las bases para que cualquier mujer se convierta en una gran oradora que enganche y enamore a su público, ya sea un auditorio o los miembros de su equipo de trabajo, proyectando el carisma y la seguridad que se exige de un líder, y así empezar a resquebrajar ese techo de cristal que las inseguridades hacen muchas veces impenetrable.                      

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