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Así es la emprendedora española en 2017

Ser emprendedor supone tomar decisiones, asumir riesgos, renunciar a otros proyectos y trabajar con esfuerzo y dedicación. Son cada vez más las personas con o sin experiencia que se lanzan cada año a por esta aventura: crear su propia empresa. Por noveno año consecutivo, el estudio ADN del Emprededor de Hiscox, una compañía aseguradora especializada en emprendedores, analiza en detalle los nuevos comportamientos de los propietarios de PYMES en seis países claves: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Holanda y España. La situación de más de 4.000 emprendedores y ejecutivos comentan su percepción del mercado, su crecimiento, miedos y posibilidades, entre otros. Entre ellos, 1.550 mujeres que nos permitieron conocer el perfil de la emprendedora en varios puntos del globo.

En el marco de la emancipación de la mujer a nivel global, los datos recopilados sobre el modelo de la emprendedora son esperanzadores, esencialmente en España. Precoces, optimistas y plenamente dedicadas a su negocio, encabezan las listas de casi todas las categorías analizadas. Aunque queden esfuerzos por hacer, principalmente sobre la percepción de los emprendedores españoles y las ayudas aportadas (8 de cada 10 cree que el sistema fiscal no favorece la creación de negocios y valora negativamente la burocracia de su país), el ámbito empresarial crece de forma imparable. ¿Qué impulsa este crecimiento? Uno de los factores es sin duda alguna el cambio generacional. Los ‘millenials’, la generación de emprendedores de entre 20 y 30 años, crean su propia ‘start-up’ con mucha creatividad y optimismo. Talentos que toca explotar, en definitiva.

Con motivo de la celebración tan especial del Día de la emprendedora el próximo 19 de noviembre, destacamos 10 datos clave que nos permiten entender mejor la evolución y el ADN de la mujer emprendedora española. Su perfil, comparado con el de las emprendedoras de otros países, es tan atípico como positivo. La transmisión de valores tan positivos deberían animar a más mujeres a gestionar su propia empresa pero sobre todo a tomar riesgos en su día a día. Arriesgarse, luchar lo que realmente quiere, no dejarse paralizar por miedos y procurar avanzar, sola o acompañada. La capacidad de trabajar duro es la habilidad más importante según el conjunto de los encuestados. No en vano.