Cristina Gutiérrez, la joven dentista de Burgos que ha vuelto a completar el Dakar

Cuatro veces ha llegado a la meta del Dakar y en seis ocasiones ha resultado campeona de España. Cristina Gutiérrez rasga las curvas. Y, en la clínica, las caries.

Cristina Gutiérrez abre bocas. Abre bocas y las estudia. Observa caries y sana infecciones. Vigila implantes y supervisa limpiezas. Es dentista. En seis ocasiones, Cristina ha ganado el Campeonato de España de Rallies Todo Terreno. En cuatro consecutivos, ha completado el Dakar. Cristina Gutiérrez abre bocas.

Comenzó, cuenta en Le Club Sushita, en el número 63 de la madrileña calle Alcalá, cuando era pequeña. Demasiado pequeña. Las niñas de seis años no deben manejar vehículos. Con seis años, Cristina ya se había puesto al volante. De motos y de coches. Si tiene ruedas, ha pasado por sus pies. Y por sus manos. Primero fueron los karts. Antes de los 18, Cristina patinaba, inclinada, sobre la pista. A los 18 aceleró. Avanzó hasta la competición. La de los todoterrenos. Su carrera competitiva se estira ya a lo largo de una década.

Su familia estimuló la pasión y facilitó los entrenamientos. Su padre era aficionado. En cuanto se pudo montar sobre sus piernas en el coche, se agarró al volante. A él, cuenta Cristina, le habría gustado competir. Correr, acelerar el coche, raspar las curvas, estaba soldado entre sus pasatiempos. En vida, sus hijos, los cuatro, lo heredaron. Cristina lo convirtió en profesión a tiempo parcial. Por él, ella continuó bajo el casco y el mono. En 2012, su coche se despegó de su medio natural. Echó a volar. El automóvil, con Cristina en su interior, dio unas siete vueltas de campana. “En esos momentos, donde tú ya no quieres, sentir el apoyo y decir ‘venga, que esto puede pasar’ es cuando más le agradezco que estén ahí”.

 

Al principio, admite, “no te cree nadie”. Cuando las victorias y la actitud toman la palabra, el respeto se impone.

 

Entre pilotos, reconoce, siempre se ha “sentido muy bien”. Accedió a su mundo con la mayoría de edad. En su primera competición, la otra persona más joven sobrepasaba la cuarentena. Era joven y era mujer. Se referían a ella, recuerda, como “la niña”. Quizá no había nada peyorativo en ello. Pero sí fue consciente de que a medida que sus marcas se rebajaban, el tono de su apelativo se modificaba. Al principio, admite, “no te cree nadie”. Cuando las victorias y la actitud toman la palabra, el respeto se impone. La mente también lo hace. Sortea las condiciones meteorológicas que, en situaciones ordinarias, acabarían en catástrofe. El pasado año, por ejemplo, Cristina y su equipo corrió durante los meses del verano latinoamericano. En una etapa, el aparato del aire acondicionado se estropeó. Debían continuar. Y lo hicieron. A 60ºC.

 

Agradecimientos: Le Club Sushita.

Continúa leyendo