Más allá con Gloria: al habla Marie Griffin, autora de 'Ponte en mis zapatos'

En su primer libro, uno de relatos autobiográficos, Marie Griffin rebusca en su propia biografía para extraer, a través de su zapatero, lecciones de vida. Gloria Garcés la entrevista.

Marie Griffin ha transformado historias de superación en relatos. Lo ha hecho empezando por los pies. Los protagonistas en todos sus cuentos son los zapatos. Hasta entonces había estado detrás, durante más de 20 años, se había dedicado a la edición y publicación de libros. Los de otros. Ahora le tocaba a ella.

Hace diez años, frente a su armario, mientras lo ordenaba, algo cambió. Cayó en la cuenta de que atesoraba seiscientos pares de zapatos. Y hay gente que ni siquiera, pensó, puede permitirse uno. Decidió regalarlos. A medida que los desembalaba y recolocaba, observó un patrón. Sus zapatos estaban  ordenados por años. Por aquí, los que vestía cuando aún estaba embarazada de su hija. Por allá, los de su divorcio.

Días más tarde, la vicepresidenta de una editorial le comentó que había tenido un sueño con ella. Mientras dormía, había visto a Griffin caminar. En cada nuevo terreno que atravesaba, Dios, le contó, le ponía en los pies un par de zapatos nuevos. Sintió, entonces, que la historia que había estado buscando para su libro, el que llevara su nombre en el lomo, estaba lista.

En Ponte en mis zapatos, los relatos de Marie Griffin miran de forma directa a la intimidad. Entre metáforas, la pérdida de un bebé que aún no ha nacido, una declaración de amor que la autora se vio obligada a rechazar o la incursión en un terreno laboral que, sospechaba, le quedaba demasiado grande se saltean en sus páginas. A todos los vertebra la misma idea: debemos, señala Griffin, estar equipados para recorrer cualquier terreno. Saber pedir consejo, aprender a recibirlo y cultivar la amistad, razona, son el método seguro para garantizar el equipamiento vital correcto. Su guía, no obstante, es otra. Otro. Dios, cuenta la autora, la llevó de la mano cuando los días se escarpaban. Su relación con la religión se transparenta y permea a lo largo de sus relatos.

Al final del libro brilla una idea. Para ser mejores padres, hijos, compañeros, amigos o jefes, o sea, mejores personas, es necesario ser capaces de cumplir con una de las más antiguas y populares recomendaciones del refranero: la de ponernos en los zapatos de otros antes de juzgarlos, incluso si aquellos frente a los que nos encontramos nos han hecho daño. No se trata de exculpar el mal, explica, sino de entender sus razones para poder perdonar y, por tanto, continuar.

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