Vídeo de la semana

De Tatoi a Marivent: la conexión entre los dos refugios de la madre de Felipe VI

Tatoi es el palacio de su infancia y Marivent el de sus vacaciones en España, dos residencias con mucho en común

Doña Sofía, don Felipe y doña Elena
Gtres

“En Mallorca soy feliz. Es donde no me gustaría retirarme”. Con estas palabras, Doña Sofía se ha referido en más de una ocasión al Palacio de Marivent, su retiro estival en Palma de Mallorca. Una residencia donada por el artista Juan de Saridakis en el año de 1973 y donde Sofía de Grecia es reina, nunca mejor dicho, y señora. Dicen quienes la conocen que su amor por Mallorca y en concreto por Marivent fue un auténtico flechazo. El palacete le recordaba al palacio de su infancia, de sus juegos de niña, de su paraíso, el Palacio de Tatoi.

Palacio de Tatoi
Gtres

Situado a tan solo 15 minutos de Atenas, Tatoi simboliza en la vida de la reina emérita, la felicidad plena, los veranos eternos y los juegos de niños. Es también el palacio donde están enterrados los miembros más destacados de su dinastía, desde Jorge I de Dinamarca, luego rey de Grecia, hasta sus padres, el rey Pablo y la reina Federica. Es, sin duda, un lugar muy especial para la madre de Felipe VI, por lo que, una vez recibió en donación Marivent, tomó una clara decisión: lo convertiría en un segundo Tatoi.

Doña Sofía se encargó personalmente de la reforma y de la decoración de su “pedacito de Grecia en España”. Tras la reforma llegaron al nuevo palacio las viejas costumbres de la familia real griega: reunir la familia en torno de una mesa para comer, andar descalzos por la casa y vestir con amplias túnicas, algo que era muy del gusto de su madre, la reina Federica. Más de 40 años después lo lleva cumpliendo.

Palacio de Marivent
Gtres

Tampoco tardaron en llegar los familiares. Al contrario de don Juan Carlos, a quien a los 8 años separaron del resto de su familia y siempre ha vivido a su aire, los Grecia eran y son una piña. Así, una vez se finalizó la obra, la reina no dudó en hacer de Marivent el punto de encuentro de su destronada dinastía. A finales de los 70 e principios de los 80, no había verano en los que Federica, Constantino y su familia y la soltera Irene de Grecia, no pasaran varias semanas de asueto en el palacio mallorquín. Y es que al final, doña Sofía lo consiguió: que este palacio fuera lo más parecido a su añorado Tatoi, el palacio de su infancia y confiscado por las autoridades griegas que a día de hoy lo tienen en estado de semi abandono. Un triste final para un lugar donde nuestra reina fue tan feliz. Quizá por ello se haya convertida en la mejor guardiana de Marivent: su tesoro.

Continúa leyendo