Esta es la historia de los chatones: los pendientes heredados de los que Letizia ya no se separa

En menos de dos semanas, la reina se ha puesto los pendientes de chatones, una de las joyas más importantes del joyero real y heredados de una reina muy ilustre.

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Revolución en los looks de doña Letizia. La reina de España ya ha dejado atrás el perfil bajo y ejerce de soberana consorte en todos los ámbitos. En su etapa como Princesa, la esposa de Felipe VI pecó de discreta a a la hora de lucir las joyas de la Familia Real española. Ya fuera porque la reina de pleno derecho era doña Sofía o porque no estaba a gusto con su rol. Pero lo cierto es que desde hace unos meses se viene apreciando una auténtica metamorfosis en lo que al uso de las alhajas se refiere. Prueba de ello es el uso de la que se ha convertido en su joya fetiche: los pendientes de chatones. A la reina se le ha podido ver con ellos en dos ocasiones en las últimas 2 semanas: en la cena de entronización del emperador Naruhito y el pasado lunes en la entrega de los Premios Princesa de Girona. Sin embargo, más allá del valor y de la belleza de estas piezas, los pendientes de chatones tienen detrás una historia que merece ser contada.

 

 

La primera dueña de la nueva joya favorita de la reina fue Victoria Eugenia de Battemberg. La esposa de Alfonso XIII, una enamorada de las grandes piezas, fue la encargada de volver a dar relumbrón al joyero de los Borbón. Reza la leyenda que en el exilio, la reina Isabel II se deshizo de las más importantes alhajas de la corona hispánica, dejando el joyero real algo desvalijado. Alfonso XIII se dispuso a contrariar esa situación y aunque la suya fue una historia de amor dramática, lo cierto es que a su esposa joyas no le faltaron.

 

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Los pendientes llegaron a las manos de reina Victoria Eugenia por su matrimonio con el rey de España. Como regalo de bodas, el rey Alfonso XIII le regaló el primer collar de chatones y durante años, por motivo de su cumpleaños, su aniversario de boda o cada vez que daba a luz a un hijo, el soberano encargaba en la Joyería Ansorena un nuevo chatón que la reina iba añadiendo al collar. Con el pasar de los años, el collar alcanzó grandes dimensiones llegandole a la nieta de la reina Victoria de Inglaterra por la cintura. Fue en ese momento cuando la abuela del rey Juan Carlos decidió dividir el collar en dos, uno más largo y otro en modo gargantilla, y sus correspondientes pendientes. Tanto los dos collares como los pendientes fueron lucidos posteriormente por doña María de las Mercedes, la condesa de Barcelona, quien los dejaría más tarde a su nuera, la reina Sofía, ya que estas piezas pertenecen al lote llamado “de pasar”. Joyas que luce hoy en día la reina Letizia y que gracias a ella han vuelto a cobrar un nuevo protagonismo.

 

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