Fin del Meghxit: crónica de un drama royal

El martes 31 de marzo se dará por cerrado uno de los capítulos más duros de la monarquía británica

Ya lo dijo el príncipe Carlos de Inglaterra: “espero que Harry no se case con ella”. Y lo advirtió el duque de Edimburgo: “un hombre se acuesta con actrices, pero no se casa con ellas”. Tampoco a su hermano, el príncipe Guillermo, Meghan le pareció la chica adecuada. Pero ya era demasiado tarde. La pareja estaba -y consta que lo sigue estando- muy enamorada y nada ni nadie iba a frenar ese amor. Tras meses jugando al despiste, la pareja hizo pública su relación. Un nuevo fenómeno acababa de empezar: la 'meghanlomanía'.

Desde que anunciaron su compromiso, en el 2018, han sucedido tantas cosas que parece que han pasado diez años. Echando la vista atrás, es imposible que nadie en su sano juicio y que crea en el amor no se derrita al ver las fotos de la pedida de mano de Meghan Markle. La pareja estaba feliz, pletórica. La actriz, acostumbrada a los flashes, podría no tener sangre azul, pero le sobraba belleza, aplomo y seguridad. Aunque al principio parecía una ilusión cuando la prensa, propensa en buscar símiles,  comparaba a Diana, una niña de la más rancia aristocracia inglesa, con Markle, una mujer hecha a sí misma como la norteamericana, al final no estuvieron tan desencaminados.

Los duques de Sussex
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Los ingleses son especialistas en elevar a alguien a los cielos para luego hundirla. Tras más de 10 años de “reinado” de la “perfecta”Kate Middlenton, la mestiza Meghan era carne de tabloide. Exactriz, con un éxito a gran escala, con amistades en Hollywood y en el Partido Demócrata de los Estados Unidos de América... todo en ella era noticia. Meghan se convirtió en un filón y todas las cabeceras alababan su sonrisa, su elegancia, su soltura en los actos… Surgieron los primeros problemas con su familia, pero el estado de gracia de la joven era tal que a pocos les pareció importar. Llegó la boda, mientras su hermana y su padre cada vez disparaban con mayor frecuencia y tras la luna de miel, se acabó la paz.

Han sido tres años de todo tipo de noticias. Más de 900 días en los que su nombre se ha escrito en la mayoría de medios de comunicación en el Reino Unido. De repente, lo que mucho gustaba empezó a no gustar. La pareja también tuvo su parte de culpa. Cuando alcanzas cuotas tan altas de popularidad das pasos en falso. El primero, quejarte de la fama. ¿Tienen derecho los miembros de una familia real a quejarse por la fama? Vamos más lejos, ¿tienen derecho a quejarse? La respuesta es un sí con reservas. Probablemente el mayor fallo de la pareja fue acusar a los medios de acoso. Al final, mientras se les elevaba a los altares jamás parecieron molestarse, pero ya cuando la crítica empezó a subir de tono, el resultado no era ni el espectable ni el deseado.

Los duques de Sussex
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Nació Archie y Meghan ya era Princesa de Harry de Inglaterra y duquesa consorte de Sussex , pero se le olvidó. Como si fuera Madonna dando a luz en el Hospital Monte Sinaí de Los Ángeles o una Ana García Obregón de la vida, Meghan decidió que los británicos no tenían ningún derecho a verle la cara a su hijo hasta que ella lo decidiera. Como hacen las vedettes para proteger la exclusiva, la exactriz salió por la puerta de atrás del hospital sin posar para los medios. Eso no gustó y desde ese momento la pareja no tuvo descanso. La campaña se puso en marcha y si antes vendía hablar bien de Meghan ahora los réditos llegaban por hablar mal. Al final, el producto era el mismo, solo cambiaba la receta a la hora de “cocinarlo”.

Las quejas fueron cada vez más constantes. Incluso se fueron de viaje a África para poder montar un documental donde una vez más apuntaban al mismo enemigo: la prensa. Fue entonces cuando llegó un comunicado en el que Harry puso toda la carne el asador: “no quiero que mi esposa termine como mi madre”. La comparación indignó hasta en Buckingham Palace.

Harry de Inglaterra y Meghan Markle
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Echarle la culpa a Meghan de todo lo que ha pasado es faltar a la más absoluta verdad. Nuevos vendrán que buenos te harán. Harry no fue nunca la joya de la corona. Su historial de escándalos es dilatado. Toparse con Meghan parecía haberlo reconducido, pero al final la conclusión es que lejos de ello lo ha potenciado en otra vertiente. El príncipe ve a su esposa como un tesoro y está dispuesto hacer todo por ella. Solo así se comprende que abdique de su lugar en el mundo para no ser absolutamente nadie. Sus provocaciones a la casa real fueron in crescendo. Al final llegó el otro comunicado y fin del cuento. Los Sussex se van, dejan de ser miembros de la familia real británica, y emprenden una nueva aventura como celebrities al uso. Están en su derecho. Mucho dinero, muchos privilegios y cero obligaciones. Su mayor error fue quererlo todo, pero la reina les dijo que no era posible: o royals o “candelabro”. Al final eligieron las luces del espectáculo. Esperemos que nunca se apaguen.

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