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Magdalena de Suecia estrena nueva casa: los altibajos de la princesa destronada

El robo en su antigua casa de Miami es solo la punta de las idas y venidas de una princesa algo errática

Magdalena de Suecia
Gtres

Rubia, guapa, elegante y estilizada. Magdalena de Suecia fue la princesa más deseada de su generación. No era para menos. La hija de Carlos y Silvia de  Suecia tiene todos los ingredientes para haberse convertido en una auténtica reina de corazones, pero su conducta algo errática la ha llevado a ser el miembro menos popular de los Bernardotte. ¿A que se debe? No hay un solo motivo, hay muchos. Y no es ni de lejos la royal más escandalosa ni la que más quebraderos de cabeza ha dado pero unas cuantas decisiones desacertadas la han convertido en una auténtica princesa destronada.

La princesa sueca fue siempre una niña feliz, simpática y muy guapa. Su precioso pelo rubio, su piel dorada, su mirada azul hicieron suspirar a muchos jóvenes por todo el mundo, no solo en su país. Magadalena fue durante años la mejor de las embajadoras de la monarquía que veían en ella a una futura soberana del papel cuché. Hasta el año 2010, la imagen de la joven aristócrata era perfecta, pero todo se truncó tras su ruptura con Jonas Bergström. El empresario sueco, quien se convertiría con los años en gran amigo de su padre, Carlos Gustavo y de su hermano, Carlos Felipe, estaba llamado a ser el marido de Magdalena, pero una infidelidad por su parte lo echó todo a perder. Desde ese momento, a la princesa se le vio afectada, algo perdida y apena con rumbo. Su brilló en parte se apagó hasta que conoció a un acaudalado hombre de negocios norteamericano que cambiaría su vida.

Chris O'Neil: su cara, pero también su cruz

En su estancia en Nueva York, tras su sonada ruptura de Jonas, conoció a Chris O´Neil. Magdalena quedó rendida por él, pero había un problema: el empresario parecía no caerle bien a nadie: ni a su familia, ni a sus amigos, ni a los suecos. Este último punto es bastante más importante de lo que parece. Y es que desde que la pareja contrajo matrimonio en el 2013, sus acciones para agradar a los ciudadanos de su país han brillado por su ausencia. La gota que colmó el vaso fue justamente el hecho de que se mudaran para Estados Unidos. Las principales cabeceras suecas sacaron varios artículos de opinión en el que hablaban de que no es lógico que la princesa perciba un salario público cuando vive en otro país, además del otro lado del atlántico y también se preguntaban si sus hijos permanecerían en la línea sucesoria estudiando fuera de Suecia. El hecho de que su marido también renunciara a ser príncipe consorte pareció enfurecer a los súbditos. El hecho de que haya adquirido una nueva casa en Miami por más de 3 millones de euros al haber sido robada en la anterior ha vuelto a irritar a la opinión pública de su país que no entiende como una princesa que podría vivir cómodamente y con gran seguridad en Suecia, sigue empeñada en vivir fuera. Muchos lo interpretan que Magdalena solo pretende huir de la presión mediática, algo que los ciudadanos consideran que está en su sueldo.

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