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Naruhito de Japón, el hombre que debe su felicidad a la infanta Elena

El emperador de Japón conoció a su esposa, Masako, gracias a una recepción dada a la infanta Elena

Naruhito de Japón
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Nadie lo diría, pero la infanta Elena es una gran celestina. O al menos lo fue en su día para Naruhito de Japón y su hoy esposa, la emperatriz Masako. Corría el año de 1986 y la Casa Real anuncia que la primogénita de los reyes Juan Carlos y Sofía se va de viaje privado al otro lado del mundo, a Japón. En la agenda de la casa, sin embargo, solo aparecen reflejados dos actos: la inauguración de una exposición de El Greco y la recepción en el Palacio Imperial por parte del emperador Hirahito, quien decidió agasajar a su alteza real con la milenaria ceremonia del té.

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Doña Elena contaba por aquel entonces con 22 años y se iba por primera vez de viaje representando a la familia real en la más absoluta soledad. Todo un reclamo que la corte nipona aprovechó para organizar, con mucha astucia, una verdadera cita a ciegas con el heredero del trono, el joven y tímido Naruhito. Esto se debe a que, al organizar la fabulosa ceremonia del Té, se invitó a una treintena de jóvenes solteras de la aristocracia japonesa para que de forma “velada” el príncipe pudiera conocerlas y quien sabe, interesarse por alguna. Y así ocurrió. Sin embargo, la mujer que captó la atención del futuro emperador era la menos esperada. Para muchos, incluso la menos indicada.

Japón era en los 80 una potencia tecnológica, pero nada más. Por lo general, los japoneses eran un pueblo cerrado en si mismo, poco abierto al exterior y con grande déficit diplomático. Por estos motivos, cuando se supo que Naruhito se había fijado en una joven plebeya, con un curriculum académico brillante, que había vivido la mayor parte de su vida fuera del país y con altos estudios universitarios, a la corte imperial le pareció una aberración. El hecho de que la joven solo llevara 6 meses de nuevo en la isla y hubiera cursado estudios en la prestigiosa Universidad de Harvard hacían de ella una especie de “apestada” social, casi peor de que si fuera portadora del coronavirus.

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La presión fue tal- Naruhito se quedó embobado por ella nada más verla y fue muy insistente- que Masako decidió marcharse del país para volver a estudiar, en este caso en la Universidad de Oxford. Tras un tiempo en Inglaterra, y tras mucha insistencia del heredero, la joven Masako accedió y aceptó ser cortejada por el príncipe, quien le juró protección eterna ante las arpías de la corte. 34 años después, con mucho sufrimiento, amor incondicional y un cuadro depresivo agudo ya superado, la pareja sigue unida, casada, ejercen como Emperadores de la monarquía más longeva del mundo. Y pensar que todo es fruto de una infanta de España que lo único que quería era pasárselo bien en su primer viaje en solitario, es cuanto menos, fascinante.

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