No al Monopoly y al marisco: las prohibiciones más estrafalarias de la familia real británica

El protocolo de los Windsor es tan severo que la mayoría de sus miembros pasan completamente de cumplirlo a rajatabla

Hay quien lo ve como un paraíso y otros como una tortura. Pertenecer a una familia real requiere de un sacrificio mayor de lo que uno pueda imaginar. Estar permanentemente expuestos, ser ejemplo y símbolo, mantener una conducta intachable o comportarse de una determinada manera limita y mucho a todas esas personas que creen que ser libres es hacer lo que nos da la gana sin que nos importe los demás. Y quizá por eso, instituciones tan antiguas como las monarquías sobreviven porque algo tienen claro: lo que más importa, por encima incluso de uno mismo, son los demás. Toda casa real tiene entonces unas normas de conducta, un protocolo propio, que guía a sus miembros en lo que deben hacer y principalmente en lo que no. En este campo, los Windsor son los más estrictos. Y si no, que se lo digan a Meghan.

Camilla de Cornualles
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Prohibiciones hay más de 50, casi todas obsoletas, estrafalarias e incluso absurdas. Por ejemplo, adentrémonos en las cocinas de palacio. ¿Usted sabe que los Windsor no pueden comer marisco? La regla, que viene de la época victoriana, se excusa de que puede estar en mal estado y provocar una intoxicación alimentar. Cualquier alimento que no esté en buen estado la puede provocar, echando por tierra esta teoría. Algo así debió pensar la princesa Margarita, la hermana pequeña de la reina, quien se pegaban unos festines a base de langosta en la isla de Mustique.

Otra de las reglas es que no se debe comer ni beber en público, algo que Camilla incumple desde el primer día, ya que hasta un helado se comió junto a la actriz Judy Dench. También se debe mirar siempre a la reina mientras se come. Si, lo que leen. Más que mirarla, estar atentos, pues uno no termina de comer cuando esté satisfecho o cuando le dé la gana. Solo podrá hacerlo cuando la reina haya finalizado. ¿Alguien se imagina al duque de Edimburgo esperando a que su esposa termine de comer? Ni hablar.

Diana de Gales
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La moda también entiende de reglas y si eres royal, aun más. Los pantalones vaqueros están prohibidos (hasta la princesa Ana o el príncipe de Gales se lo saltan), y los hombros, en caso de las mujeres, nunca deben ir descubiertos. Está claro que Lady Di tenía razón cuando decía sentirse enclaustrada en una jaula de oro. Tampoco en el maquillaje se permite el estilo libre. Nada de colores fuertes en los labios y en las uñas, color nude. Kate Middleton lo cumple a rajatabla. Una verdadera royal.

En cuanto a las profesiones, uno puede querer ser astronauta, jardinero o jugador de futbol, pero no siempre querer es poder. Si eres royal, tu profesión es ser royal, a no ser que salgas por patas, como Harry de Sussex. Si no naciste royal y te casas con uno, olvídate de seguir ejerciendo tu antigua profesión y te dedicarás hasta el día que te mueras (o te divorcies) a representar a la familia de tu conyugue. ¿A que no suena del todo bien? Ya…no es tan fácil. Tampoco a la hora de los juegos. Pueden vivir en palacios maravillosos, jugar al polo, al rugby o al bádminton pero nunca, nunca, nunca, al monopoly. ¿Por qué? Según el duque de York, porque crea adicción. ¡Como si fuera lo único en la vida que lo crea!

Queda claro que las normas estás para saltárselas y si eres un miembro de la familia real inglesa, pues aunque tengas que mantener las formas, pues un poco también. Este protocolo no hay quien lo aguante y desde aquí, honestamente lo decimos, se debería redactar uno nuevo, más actualizado a la realidad que nos ha tocado vivir. Es difícil adaptarse a todas estas reglas por muy buena voluntad que uno tenga. Visto lo visto, Meghan hasta tenía razón.

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