Soraya, la princesa de ojos tristes a la que el marqués de Cubas hizo sonreír

Se cumplen casi dos décadas de la muerte de una de las mujeres de la realeza más enigmáticas de la historia reciente.

Hace apenas una semana, el mundo de la aristocracia se enfrentaba a la triste noticia de la muerte de Fernando Falcó. El marqués de Cubas fallecía a los ochenta y un años apenas siete meses después de su hermano, el marqués de Griñón. No han salido aún a la luz las causas de la muerte del noble, pero sí que ha trascendido que arrastraba una larga enfermedad.

Aunque han sido dos las mujeres más importantes en la vida del Marqués, Marta Chávarri -madre de su hijo Álvaro-, y Esther Koplowitz, lo cierto es que en los años sesenta y setenta, Fernando Falcó tenía fama de mujeriego y de ser uno de los asiduos a las fiestas más selectas de la noche española. Hasta el punto de coincidir con figuras con Ava Gardner o la que fuera segunda esposa del Sha de Persia, la princesa Soraya.

Precisamente se acaban de cumplir casi dos décadas desde que la emperatriz de los ojos tristes falleciera en París, donde pasó los últimos años de su vida. Sin embargo, antes de acabar en la capital francesa, la que fuera esposa del Sha pasó varios en España, donde recaló tras ser repudiada por su marido ante su incapacidad para tener hijos. Soraya y Fernando Falcó cruzaron sus caminos y mantuvieron una relación durante dos años: “salimos durante dos años. Era una señora bellísima, muy profunda y muy sensible. Para ella había sido terrible que el Sha la repudiara. Yo le di un poco de vida y de alegría y lo hice encantado porque era alguien que merecía la pena”, relató el Marqués en una entrevista a “El Mundo” en 2015.

Soraya
Gtres

Soraya llegaba a España después de que el Sha le diera a elegir entre ser repudiada o admitir que tuviera una esposa más. Su divorcio se producía cuando la cúpula de la Corte ya se había cansado de esperar un heredero que nunca llegaba y conscientes de que eso nunca ocurriría. La Princesa intentó iniciar una nueva vida como actriz, algo en lo no consiguió el éxito que buscaba.

Al margen de Madrid, Marbella fue su gran refugio en sus días en España. Alfonso de Hohenloe, la cobijó en la Finca Margarita, que convirtió en su hogar. La Emperatriz llegó a Marbella a mitad de los años setenta y revolucionó la escena social de la ciudad. El Marbella Club pasó a ser su lugar predilecto, donde pasaba muchas horas al día. Soraya fue una de las personalidades de la vida marbellí de la década de los setenta-ochenta y fue en esa época en la que la prensa le dio el apodo de la ‘princesa de los ojos tristes’, por la melancolía que emanaba su mirada.

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