Mascarillas reutilizables: Cómo lavarlas… y leyendas a desterrar

¿Cómo limpiar y desinfectar las mascarillas concebidas para un uso prolongado?

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Por Alberto Cornejo.

Las necesidades derivadas de la crisis del coronavirus, y la cantidad de información surgida al albor de esta pandemia, ha llevado a la población a una suerte de cursillo acelerado en material de protección frente a la Covid-19. Quien más, quien menos, sabe ya diferenciar los distintos tipos de mascarillas existentes en el mercado y cuáles deben utilizarse según la situación o estado de la persona: sana, contagiada, con síntomas...

La obligación vigente de portar mascarillas en lugares públicos —sean abiertos o cerrados— cuando no pueda asegurarse la distancia social acarrea a un mayor uso de este material. Dos son las principales maneras de afrontar este nuevo escenario: el uso de mascarillas quirúrgicas no reutilizables —y que, aunque tienen un PVP máximo de 0,96 euros por unidad puede acabar suponiendo un elevado gasto personal por la constante necesidad de reposición— o apostar por mascarillas higiénicas reutilizables. “Hay una regla básica que salvo casos excepcionales o de escasez se debe respetar: las mascarillas quirúrgicas son de usar y tirar, y las mascarillas higiénicas sí pueden ser reutilizables. Pero todas tienen un límite de uso”, opina la farmacéutica Marian García.

Dentro del grupo de mascarillas higiénicas, son aquellas que cumplen la norma UNE 0065 las que aportan mayor eficacia y seguridad. Ahora bien, ¿cómo limpiar y desinfectar las mascarillas concebidas para un uso prolongado? Aquí, valga la redundancia, se partiría de otra regla básica pero no por ello baladí: atender las indicaciones de los fabricantes en los envases. Sea cual sea el método empleado, “no deberían lavarse más de 5 veces”, se apunta desde el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos.

Al margen de posibles consideraciones de los fabricantes, el Ministerio de Sanidad ha difundido una serie de recomendaciones básicas para el lavado y desinfección de este tipo de mascarillas. El primero de los métodos apuntados por Sanidad alude a llevar a cabo este proceso con detergente normal y agua a temperatura entre 60 y 90°. No obstante, “existe el riesgo de que a esa temperatura puedan encoger”, apunta Marian García. Como alternativa —solo para casos en los que el usuario no esté contagiado— esta profesional sugiere aplicar primero una fumigación sobre la mascarilla con spray desengrasante para ropa, para posteriormente lavarla en un ciclo normal o frío (<30°). Ante cualquier sospecha de que el portador puede estar contagiado, se debe apostar “siempre” por el lavado a temperatura alta, apuntan los expertos.

Precisamente, es la temperatura y, en concreto, las técnicas caseras de desinfección “por calor” las que copan las principales creencias erróneas o leyendas en torno a este proceso. Es el caso, por ejemplo, de su exposición al sol…. O del uso del microondas. Aunque diversos estudios de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) apuntan que el virus desaparece a temperaturas superiores a 70°, se desaconseja utiilizar este electrodoméstico doméstico por posible riesgo de contaminación cruzada. De igual (errónea) manera, si se hace una desinfección por vapor, se corre el riesgo de generar aerosoles.

Otras de las prácticas a descartar —alimentada por la incertidumbre que caracterizaba los primeros momentos de expansión del virus— es considerar efectiva la desinfección con productos como el alcohol. Todo lo contrario. “Está totalmente desaconsejado. Los filtros pueden quedar dañados y perder eficacia”, apunta la divulgadora conocida como Boticaria García. Incluso, en el caso de la clorhexidina, siquiera está demostrado que acabe con el virus.

Otra de las recomendaciones del Ministerio apunta a sumergir las mascarillas en una dilución de lejía 1:50 con agua tibia durante 30 minutos, para después lavar con agua y jabón y aclarar bien para eliminar cualquier resto y, finalmente, dejar secar. “El uso de lejía puede generar un fuerte olor y, además de molesto, ser contraproducente”, señalan desde el Consejo General de Farmacéuticos.

En todos los casos, para esta experta, el mejor ‘remedio’ es apostar por la sensatez y regirse a las horas de uso máximo de estas mascarillas. Y, en este aspecto, recordar que dichas horas “no son acumulables” y que incluso la vida útil debe acortarse según donde se hayan empleado. “No es lo mismo usarlas para ir al supermercado o de paseo, donde el riesgo es menor, a emplearla en los viajes en el transporte público”, pone de ejemplo Marian García.

 

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