Tumores ginecológicos: una carrera a contrarreloj

El 80 % de las pacientes con cáncer de ovario se diagnostican en una etapa avanzada de la enfermedad

Médico
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Por Carmen M. López

Hablar de tumores ginecológicos implica hablar de cinco tipos de cáncer: ovario, endometrio, vulva, vagina y cuello de útero. Enfermedades que, como indican los expertos, son todavía desconocidas por la sociedad pero que representan el segundo tumor más frecuente en incidencia en las mujeres y el tercero en términos de mortalidad. De esta manera, concienciar a la población para que se conozcan los síntomas y tratarlos de manera precoz se hace fundamental para la comunidad médica.

En el cáncer de ovario, por ejemplo, hasta el 80 por ciento de los casos se detectan en estadio avanzado, cuando los síntomas son ya evidentes y la enfermedad lleva un ritmo importante. Los oncólogos advierten de que en ocasiones los síntomas se pueden confundir con problemas digestivos. La realidad es que cada tipo de cáncer tiene sus propias particularidades en cuanto a los síntomas: sangrado vaginal fuera de ciclo —en la menopausia o durante la práctica de relaciones sexuales—, sensación de hinchazón en la tripa, necesidad constante de orinar, dolor o presión en la pelvis, abdomen o espalda.

En este sentido, aunque en la mayoría de estos tumores  no se pueden prevenir, excepto el cáncer de cuello de útero a través de las vacunas, los controles ginecológicos periódicos son fundamentales para la prevención de los tumores.

A nivel de investigación, los avances en este campo han sido importantes. Los nuevos tratamientos al terreno de estos tumores de la mujer han llegado para quedarse: desde la inmunoterapia hasta los inhibidores de PARP —proteínas que están implicadas en la reparación del ADN—. A todos estos avances se suma también el conocimiento del perfil molecular de cada mujer, algo que ayuda a identificar el mejor tratamiento posible.

El cáncer de ovario

La elevada mortalidad del cáncer de ovario se explica por dos razones. Por un lado, por la  ausencia de síntomas específicos al inicio, lo que motiva que la mayoría de pacientes se presenten con enfermedad diseminada al diagnóstico (que es más difícil de curar), y por la ausencia de métodos de detección precoz que sean eficaces y estén validados. En cuanto a la edad de presentación, el cáncer de ovario es una enfermedad más frecuente en las mujeres postmenopaúsicas, con la máxima incidencia entre los 50 y 75 años. Precisamente por ello, y por la dificultad del diagnóstico es preciso estar alerta.

Cristina Martín, oncóloga del Hospital Santa Creu i Sant Pau, explica que hasta la fecha, el único tratamiento disponible era la quimioterapia y la combinación de quimio con otros fármacos. Hace más de diez años se incorporó un nuevo tratamiento —que previene la formación de vasos sanguíneos nuevos que los tumores necesitan para crecer—, y que demostró que en pacientes con cáncer de ovario avanzado mejoraba el tiempo en que la paciente está libre de enfermedad. Sin embargo, el último Congreso Europeo de Oncología (ESMO) avanzó en nuevas terapias conocidas como inhibidores del PARP. "Se han presentado varios estudios que demuestran el beneficio que ofrecen estas terapias al inicio del tratamiento", comenta la oncóloga. Un tratamiento, investigado por Astrazeneca y MSD, que beneficiará a un gran número de pacientes con cáncer de ovario, más allá de la mutación genética que presenten las pacientes.

En la actualidad, a las pacientes se les realiza un test genético que determina si tienen un tipo de alteración genética, llamada BRCA, que están implicados en la reparación de nuestro ADN, y en función de esta mutación la respuesta al tratamiento dura más o menos. Con este tratamiento se amplía el escenario ya que no influye la alteración genética. "Esto en estos momentos es un hito en el sentido que hasta la fecha no teníamos datos para apoyar este tipo de tratamientos", apunta la experta.

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