Hablamos con Elena Gual, la artista española que ha triunfado en Nueva York con su pintura

Elena Gual, la artista a la que el coleccionista Drew Aaron compara con Picasso, nos habla de su obra, la importancia de la mujer en esta y sus próximos pasos.

Elena Gual pinta cuerpos desnudos que caminan, observan y reposan sobre el lienzo, todos diferentes, pero con algo en común: todas son mujeresRepresentaciones que nacen en el imaginario de la artista y que luego transporta a su obra gracias a la paleta y el óleo. 

Nació en Mallorca en 1994 y es una de las artistas jóvenes que más rápido ha crecido en el panorama nacional, tanto, que ya se abre paso en otras ciudades como Londres, donde hizo sold out, y en Nueva York, más concretamente, en la Galería Voltz Clarke en el Lower East Side, donde su pintura estuvo expuesta hasta el pasado 18 de septiembre.

Se ha formado en algunas de las mejores escuelas de arte del mundo. Comenzó a pintar a los tres años y se formó como pintora clásica en la Academia de Arte de Florencia. Seguidamente, estudió en la Central Saint Martins y en la Royal Academy de Londres. Al terminar sus estudios, Gual siguió pintando diferentes retratos por encargo, hasta que sufrió una reacción alérgica a la trementina que utilizaba para limpiar los pinceles. Tras este suceso, la artista tuvo que cambiar su técnica y desarrollar otro lenguaje con el que seguir creando, y así lo hizo, lejos de rendirse, se alzó con la espátula y encontró una voz personal y carismática que plasma en cada uno de sus cuadros. 

Elena Gual
Fotografía de Leonardo Condor

La pintora trabaja con Drew Aaron, fundador de Gallery RED, una de las galerías más reconocidas de España, que representa en exclusiva a Gual a nivel mundial. A sus 45 años, el empresario estadounidense es considerado uno de los mayores coleccionistas de arte menor de 50 a nivel mundial. Tiene más de veinte años de experiencia como coleccionista y ha llegado a bautizar a Elena Gual como “el siguiente Picasso”. 

Acabas de llegar de exponer en Nueva York, ¿cómo ha sido esa experiencia?

La verdad que ha sido muy emocionante. A los 23 tuve la oportunidad de vivir aquí durante medio año y desde entonces siempre he tenido el deseo de exponer aquí. En los comienzos de mi relación con Gallery Red les comenté que era una de mis mayores inquietudes y en tan solo unos meses lo han hecho posible, por lo que estoy enormemente agradecida. La verdad es que ha sido una experiencia que ha superado mis expectativas. 

 

Las obras expuestas en la pop up de Gual en Nueva York, The Imperfect Perfect se enfrentan a los cánones de belleza y promueven la positividad corporal. Sus cuadros irradian una diversidad profundamente bella que nace de las diferentes figuras, colores y expresiones femeninas. 

La mujer tiene un espacio central en tu obra. ¿Qué te transmite y qué quieres transmitir tú con ella?

Desde mis primeros viajes, me di cuenta de que conectaba de forma especial con las mujeres que iba conociendo, más concretamente, con las mujeres de países tercermundistas. Buscaba retratarlas con mi cámara en todo momento. Mi obra personal siempre partía de fotos propias, desde paisajes a retratos. Volvía a Palma con muchas ganas de plasmar estas fotos en lienzo. Con el paso del tiempo me di cuenta de que estas mujeres tenían mucho que decir con su esencia y falta de igualdad, por lo que decidí volcarme de lleno en la mujer como figura central de mi obra.


¿Qué supuso tener que cambiar tu forma de pintar tras la reacción alérgica a la trementina? ¿Crees que este reto te hizo crecer como artista?

Totalmente. Esta reacción alérgica supuso un momento muy dramático en mi vida. Viniendo de estudiar esta carrera, me vi en un punto de tener que reconstruir mi vida totalmente. Imagíname… Me preguntaba a mí misma, ¿qué hago ahora? Mi contacto con la espátula fue mera casualidad, sucedió en pleno momento de despedida con mi carrera artística. Verme capaz de poder trabajar de una forma incluso más personal me otorgó una fuerza y unas ganas de expresarme que quizás el pincel no me hubiese dado.

Elena Gual
Fotografía de Leonardo Condor

Gual ha viajado por muchos países de varios continentes y para ella “cada uno de estos lugares han sido una lección de vida”. Los viajes donde más aprendió fueron en la India y Perú, donde colaboró con organizaciones de ayuda, y pudo conocer de cerca la dura situación de algunas mujeres.

Hablas de lo importante que ha sido viajar para ti y de lo que te marcaron países como la India o Perú. ¿Cómo fue tu experiencia? ¿Qué te enseñaron estos lugares?

Sin duda, países como estos tienen de por sí una luz y un color especial. Imagino que esto ha afectado mucho a mi gusto personal por la imagen en general. Además, de lo que comentaba anteriormente. El poder cruzarme con mujeres de un espectro social tan amplio, con rasgos tan diferentes, tanto físicos como personales, siempre me ha fascinado. Les debo gran parte de mi inspiración. 

 

¿Qué pintor recomiendas especialmente? 

Siempre he tenido de referentes a artistas como Van Gogh o Monet, aunque mi última etapa creo que ha sido especialmente marcada por John Singer Sargent o Frida Kalo. En cuanto a artistas vivos (o actuales), llevo ya mucho tiempo obsesionada con lo que hace Flora Yukhnovich, Ines Longevial, Ela Fidalgo, Jason Martin, Jenny Saville… Entre otros muchos.

 

Vivir del arte puede ser complicado en España, existe el pensamiento erróneo de que si el trabajo es vocacional no te tienen que pagar. ¿Qué consejos le darías a todos esos artistas jóvenes que aspiran a poder vivir de su vocación?

Al comienzo de mi carrera profesional, para poder cobrar de esto, debía dedicarme exclusivamente a retratos por encargo, lo cual hacía con gusto, pues era básicamente poner en práctica todo lo que había estado estudiando. No obstante, tenía claro que no era lo que quería hacer el resto de mi vida. Con el paso del tiempo, tras enfrentarme a la reacción alérgica que me hizo pasar a la espátula, conseguí encontrar una nueva vía creativa. Creo que esto es algo que le pasa a todos los artistas a los que admiro. El tiempo y la práctica termina mostrándonos nuestros puntos fuertes y débiles como artistas. Creo que se trata de potenciar los fuertes y mejorar los débiles para poder convertirte en el artista más completo que quieras llegar a ser. 
En resumen. Creo que el estar en el lugar adecuado en el momento adecuado nacen del trabajo consistente. Si no hay continuidad ni las ganas suficientes, todo es mucho más complicado, seguramente para cualquier profesión.

 

Háblame de tu futuro, ¿qué tienes en mente?

Tengo varios proyectos que la verdad que no puedo esperar a llevar a cabo y enseñaros. Llevo tiempo queriendo centrarme en el paisaje de Mallorca, dando continuidad la obra de aquellos grandes artistas de la isla del siglo XX como mi bisabuelo, entre otros, siempre desde mi prisma. Es algo que quiero hacer con mucha calma, pues a la vez que un honor es también un reto personal.

Por otro lado, quiero exprimir otras facetas artísticas que siempre me han inquietado, como por ejemplo la moda. No quiero hacer mucho spoiler, pero se vienen cositas…

 

Me gustaría dejar un espacio en blanco para que te expreses libremente. Cuéntame cualquier cosa que creas que podría ser interesante para los lectores de Marie Claire.

Me gustaría lanzar un mensaje de motivación a los más jóvenes. Que se atrevan a entregarse de lleno a sus ideas sin dejar sus obligaciones a un lado y a mostrar su trabajo a toda la gente posible una vez que de verdad crean que es el momento de mostrarlo. Que no les afecte demasiado la crítica y que sientan orgullo por su opinión y visión propia. Y que sobre todo practiquen y rodeen su vida de aquello que les inquieta sin dejar nunca la curiosidad de lado.

Elena Gual
Fotografía de Leonardo Condor
Lucía Cárceles

Lucía Cárceles

Ser curiosa y extrovertida me llevó a ser periodista y mi pasión por la estética y el arte a sumergirme en el mundo de la moda, un espacio cercano a lo onírico del que me encanta escribir. Con bastante acento y sin perder mis raíces, disfruto de la vida en la capital desde hace más de seis años. Me encanta el Madrid castizo, pero muchas veces necesito escaparme a lugares costeros donde la vida pasa un poco más despacio.

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