La limpieza facial correcta

Realizar una correcta limpieza facial va mucho más allá de una cuestión estética. La clave está en utilizar los productos adecuados y tener una disciplina.

La correcta limpieza facial

¿Una limpieza facial diaria puede evitar enfermedades? Hasta ahora sabíamos que era necesaria para eliminar toxinas, arrastrar impurezas, preparar la piel para la absorción de los productos cosméticos… Pero un estudio de Clarisonic, expertos en aparatología de limpieza facial, nos desvela que si no efectuamos un procedimiento adecuado podríamos acelerar el proceso de envejecimiento prematuro e incluso tener graves problemas de salud.

En el aire circulan unas partículas contaminantes extremadamente pequeñas (compuestos orgánicos, metales o gases de escape) que pueden penetrar en las capas más profundas de la piel comprometiendo su capacidad para protegerse de los factores externos. En España, un informe publicado por la Organización Mundial de la Salud revela que de 46 ciudades, 37 incumplen los niveles recomendados de contaminación. Los expertos aconsejan hacer una limpieza en profundidad de rostro, cuello y escote al menos una vez al día.

¿El primer paso? Elegir los productos y las texturas específicas que se adecuen a tu tipo de piel y a sus necesidades.

Piel grasa: debes ser muy meticulosa, pero al mismo tiempo ser respetuosa con la epidermis (capa superficial de la piel) para no alterar su equilibrio. Las soluciones espumosas son la mejor opción.

Piel mixta: este es el caso mayoritario en las mujeres. Por las mañanas incide en la zona T (nariz y frente) para mantener a raya los brillos durante el resto del día y por la noche utiliza productos hidratantes que calmen las áreas más tirantes del rostro.

Piel sensible: intenta usar productos de limpieza sin aclarado porque este tipo de pieles suelen ser reactivas incluso al agua. Elige formulaciones con ingredientes naturales, propiedades calmantes y que no contengan perfumes ni parabenos. 

Piel seca: busca lociones con propiedades humectantes que preserven la humedad natural de la piel. Las leches y los aceites previenen la tirantez y los activos emolientes actúan frente a la deshidratación. Evita los jabones y el agua caliente.

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