Cómo usar (correctamente) los polvos matificantes

Incluso Angelina Jolie ha cometido este error y ha acabado con su cara llena de manchas blancas. Los polvos matificantes son uno de los mayores logros del maquillaje, eso sí, si sabes cómo aplicarlos.

Polvos matificantes

Pensados para acabar con los brillos en la temida zona T (frente, nariz y barbilla) o para fijar el maquillaje, los polvos resultan ser uno de los productos de maquillaje más indispensables. Si tienes la piel grasa, son tu arma de belleza al unificar la tez y evitar los problemas ligados al exceso de sebo. Sellan el maquillaje, además de alargar su duración.

Existen dos tipos de polvos: 

  • los transparentes: son universales y son aptas para todas las teces. 
  • los polvos con color: al igual que la base fluida, deben elegirse de un color muy parecido por no decir idéntico a tu tez natural. Son un poco más opacos que los demás.

Aunque la tentación de retocarse excesivamente a lo largo del día sea inmensa (te entendemos de sobra), ten en cuenta que pasarse con su aplicación puede crear un efecto antinatural: al ser transparentes, si se aplican en exceso, pueden dejarte una tez excesivamente clara. ¿La clave? Elegir productos waterproof y con una duración de 8 horas mínimo. Ten muy en cuenta que la brocha que uses para aplicarlos es determinante: la Kabuki es, gracias a su tamaño más pequeño que las demás), ideal para viajar. Es perfecta para un retoque de última hora.

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¿Cómo aplicarlos correctamente?

Polvos matificantes
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Aplica tu pre base y base líquida, y empieza con los polvos matificantes comenzando por la frente. Pasa seguidamente en el tabique de la nariz y en barbilla, siguiendo la famosa zona T. Hay quien los usa en las mejillas para dar naturalidad al colorete y sobre las sombras de ojos y labios para fijar el maquillaje. Aplícalos siempre con movimientos que vayan del centro a los lados, en forma de velo ligero. Antes de aplicarlos directamente sobre tu rostro, recuerda pasarlos por el dorso de tu mano para quitar el excedente. 

Si buscas un resultado muy natural, aplica directamente los polvos después de tu hidratantes o BB cream. Su aplicación es también preferible tras la del antiojeras y del corrector ya que permite unificar.

La técnica del baking

Polvos matificantes
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Es una de las técnicas más famosas y probadas en redes. El término "baking", que se conoce en el ámbito culinario, se traduce como "horneado" o "cocción". Consiste en aplicar polvos translúcidos sin ningún brillo sobre la zona T y las que tienden especialmente a brillar. Los polvos fijan los productos aplicados anteriormente, tras un pequeño tiempo en el que se dejan "hornear", al igual que una cena.

Contrariamente a otras técnicas como el  strobing o el  contouring, y más recientemente el blush draping que se propone moldear el rostro con el colorete, el baking no pretende modificar la estructura, sino el aspecto de la piel. Su objetivo consiste en optimizar nuestra base de maquillaje, prolongar su duración, reducir los poros y las líneas de expresión.

Ten en cuenta que el aspecto de tu piel puede de por sí mejorarse considerablemente con la aplicación semanal de una mascarilla adaptada a tu tipo de piel: la grasa agradecerá por ejemplo las que se componen de arcilla o té matcha.

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