El discurso de Carrie en “Sexo en Nueva York” que no existe en “And just like that…” y su importancia

¿Dónde está y qué han hecho con la voz en off de Carrie Bradshaw?

Si algo consiguió Sexo en Nueva York en plena década de los 90, fue entregarnos las riendas de nuestro propio discurso a las mujeres. Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker), era una gran artífice del arte confesional que volcaba sus propios miedos, sus preocupaciones y desavenencias sobre el amor y el sexo en una columna semanal para el diario ficticio New York Star, una mujer que gracias a todas esas historias y preguntas que plasmaba sobre el papel consiguió convertirse en un incono de los círculos sociales y culturales de la ciudad.

Todo era excéntrico, irónico, con tramas interesantes donde las voces eran siempre femeninas: fiestas cargadas de glamour, zapatos de Manolo Blahnik para patear cualquier calle de Manhattan, noches regadas de cosmopolitans junto a las amigas, libertad sexual a raudales y miles de historias que nos hicieron sonreír cómplices detrás de la pantalla. La vida de Carrie era un cóctel maravilloso que posteriormente ella misma se encargaba de aliñar y relatar palabra por palabra, para darle nombre a todas esas cosas que la desordenaban por dentro y hacer que existiesen más allá de su subconsciente.

Vivimos con Carrie aquella relación tóxica con Mr. Big, a pesar de que solo queríamos zarandearla y pedirle que abandonase a aquel hombre insufrible y profundamente posesivo que no dejaba de marear a nuestra protagonista. Nunca nos convenció aquel arquetipo de seductor con una inteligencia emocional nefasta, pero acabamos tragándonos nuestros propios principios y aceptando seis temporadas aquella dupla con la misma esperanza que tenía Carrie, un cambio de carácter en aquel exasperante individuo. Todo esto no solo lo sabemos por el carrusel de imágenes que es la serie, sino porque fue la propia Carrie quien lo relato frente aquel ordenador, porque su discurso podía estar equivocado, pero era su discurso.

IMDb
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En el reboot, Carrie,  a sus 55 años, cambia el periódico por el  podcast y siguen apareciendo temas interesantes y necesarios como la maternidad, la identidad de género, la sexualidad no normativa, la multiculturalidad, la imposición de la juventud eterna en la mujer por parte de una sociedad patriarcal y misógina, el alcoholismo, la pérdida definitiva de la pareja, etc, También se mantiene toda esa frivolidad y desenfado con la que Carrie, Miranda (Cynthia Nixon) y Charlotte (Kristin Davis), se enfrentaban al mundo, ese prisma sagrado del humor para mirarlo todo desde una perspectiva más amable pero donde la pérdida del personaje transgresor que fue Samantha (Kim Cattrall) hace aún más evidente ese agujero estrepitoso en el argumento.

Está claro que una escueta frase al final de cada episodio, liderada por un “and just like that…,” no es suficiente. Como dijo Susan Sontag: “hay pocas imágenes que valgan más que mil palabras”. Necesitamos el relato en primera persona, el yo de mujeres que lo acuñen para contar sus historias porque es brutalmente necesario conocer la manera de mirar el mundo que tiene cada una de forma individual, porque necesitamos vernos reflejadas en esos miedos, esos pensamientos contaminados, esas ideas delirantes para comprender y abrazar mejor los propios, para saber que no estamos solas, que jamás lo estaremos.

And just like that… nos ha dejado una protagonista vacua, plana, insustancial, algo que la Carrie de Sexo en Nueva York no fue jamás.  Necesitamos conocer todos esos pensamientos que la asaltan, desde los más ensimismados hasta los que atañen a su gran círculo de mujeres, todas empoderadas, todas inconformistas, todas incorrectas, todas definitivamente humanas. Si nos quitan el discurso no nos queda nada.

Noemí Valle

Noemí Valle

Periodista, melómana y amante de la cultura y la moda en todos sus formatos. No concibo la vida sin las pequeñas historias que la mueven y la desordenan, por eso mismo me empeño en escribirlas. Soy de las que viaja junto a una cámara y un libro ya sea al barrio de al lado o a la otra punta del planeta. Siempre guardo bajo la manga una canción, un fotograma o una cita con la que convertir un instante insípido en uno imborrable.

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