Slimane presenta en París su nueva colección para Saint Laurent

La colección, que remite directamente a los años ochenta, se ha realizado siguiendo los preceptos de la Alta Costura. Estas son sus claves.

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Las colecciones de Slimane siempre se esperan con una cierta intriga, ese es su poder, su magia. Ahora que hay una corriente "antidesfiles" y que se ha puesto de moda, nunca mejor dicho, decir que este sistema de presentar las colecciones está obsoleto, va Slimane y se marca un desfile clásico hasta decir basta con las modelos bajando por una escalera de mármol del dieciocho en una casa-palacete de la Rue de l'Université de París, todo muy a la vieja usanza, o sea, como las modelos, o mejor dicho, maniquíes, de Dior en el 30 de l'Avenue Montaigne o como las de Chanel descendiendo por la escalera de espejos del 31 de la Rue Cambon añísimos atrás.

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El desfile, como decíamos, está perfecta y exhaustivamente (incluso agotadoramente) inspirado en los años ochenta más canallas y opulentos. A veces parece incluso que, de tan literal, de tan teatral, esta colección sea el vestuario para una película sobre un personaje, tipo Jerry Hall, hoy señora de Murdoch (que por cierto, Jerry, quién te a visto y quien te ve) que, una madrugada de 1980, sale de Studio 54, en Nueva York, coge un avión y se planta a la noche siguiente en Le Palace de París, ese nigtclub en el que, según parece, todo el mundo se lo pasaba más allá de pipa.

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Otra vez nos vienen a la cabeza Fabio McNamara, Ana Curra, Almodóvar y el Rock-Ola, Auserón, Olvido Gara, El Escalón, Urquijo o Vega, La Vía Láctea y La edad de oro de Paloma Chamorro… aunque todos ellos tenían muchísimo menos dinero que los Warhol & Co. pero muchísima más gracias y desparpajo.

Amén de estos santos, algunos en el cielo, otros no tanto, nos llegan imágenes de las protagonistas de Dinastía envueltas en lamé y quitándose el pendiente de bisutería de Lacroix para acercarse a la oreja el auricular del teléfono. Y Pitita Ridruejo, antes de que se le apareciera la virgen, en repetidas ocasiones, o Cuqui Fierro. Isabel Presley versión marquesa de Griñón, Marisa de Borbón, versión musa de Loewe y las hermanas Suelves, versión de ellas mismas. Marta Chávarri, versión marquesa de Cubas… LasKoplowitz y los Albertos cuando tanto montaba, montaba tanto y esa Isabel Pantoja que en 1985 reaparece después de un tiempo guardando debido luto por Paquirri, en Sevilla, peinada por Leonardo Strafacio,vestida por Lina y maquillada por Juan Pedro Hernández, que no sabemos aquí por qué caray no tienen estos tres monstruos del artificio la cruz de Isabel la Católica, o algo así, en reconocimiento a sus servicios prestados. Y qué pena de España, por cierto, qué pena.

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Todo este desfile de no sabemos si alta costura a medias o pret a porter de hiperlujo (como todo el pret a porter que estos días desfila en París, por cierto) también nos recuerda a Helmut Newton, con la diferencia, claro, que las mujeres que le gustaban al alemán eran de rompe y rasga y estas modelos son escuálidas, malcaradas y ni de romper ni de rasgar porque les falta fuerza y parece que tengan frío y que estén muy necesitadas de un caldito de pollo caliente.  Hay que volver a decirlo otra vez: la moda contemporánea, el movimiento de muchas mujeres al andar e incluso muchos orgasmos contemporáneos no serían lo mismo (no sabemos si mejores o peores, pero no lo mismo) sin las imágenes de Helmut Newton.

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Del desfile nos gustan las gargantillas rígidas y de tubo gas. Los cinturones de hebilla cuadrada y grandiosa (un clásico, aquí de proporciones oldenburguesas, del viejo Yves Saint Laurent). Que el negro sea para la noche y que las modelos vayan con medias de cristal negras y salones. Las hombreras desproporcionadas a lo Claude Montana (ese fenómeno). Y un bolso de cuero en forma de corazón, dorado y con asa de cadena, que podría perfectamente ser del Bershka.
Nos gusta menos el hecho que todas las salidas sean de vestidos de noche pero eso es porque nos encantaban esos desfiles de Yves Saint Laurent, larguísimos y con muchísimas salidas y con esos plafones llenos de flores sobre fondo beige, en los que había conjuntos de mañana, de tarde y de noche (y en este orden) y que acababan con un vestido de novia digno de Lady Diana Spencer. Claro que eso fue antes del Cambio climático y usted no había nacido.

Etiquetas: desfiles, moda otoño-invierno, pasarelas

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