Vielle Fontaine: así era el palacete suizo de la reina Victoria Eugenia

Nació en Escocia, fue reina de España y murió en Suiza en un palacete que pagó ella misma y que decoró en estilo ingles

Victoria Eugenia de Battemberg, reina consorte de España, tuvo una vida complicada. Decir que la suya fue una existencia desgraciada seria una exageración pues, sin duda, la desgracia es otra cosa. Nació en el Castillo de Balmoral, el mismo donde la familia real británica pasa sus veranos, al ser nieta de la última gran emperatriz europea, la reina Victoria de Inglaterra. A principios del siglo XX conoció a Alfonso XIII, de quien se enamoró y con quien se casó. Si bien tuvieron 6 hijos, 2 de ellos murieron a causa de la hemofilia. Fue repudiada por su marido y tras el exilio su contacto fue casi nulo. Tras varios años agitados se instaló en Lausana, Suiza, primero en el Hotel Royal y después, tras la II Guerra Mundial, adquirió un fabuloso palacete en la Avenida Elysee, llamado Vielle Fontaine -la vieja fuente en castellano- donde vivió hasta 1969, el año de su muerte.

Vielle Fontaine
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El origen de Vielle Fontaine es confuso. Los historiadores no se ponen de acuerdo a la hora de determinar como pagó la reina de España esa propiedad: unos dicen que gracias a la herencia de una tía, otros, que vendiendo algunas de sus joyas. Sea como fuere, la construcción, de estilo afrancesado, estaba ubicado en una de las principales arterias de la ciudad, en un lote de varias hectáreas y con una sobresaliente vista hacia el lago Léman. La residencia estaba dividida en dos zonas: una pública y otra privada. Victoria Eugenia se encargó de decorarlo ella misma en estilo inglés.

Las paredes eran blancas, las cortinas de seda amarillo tenue. Por la casa predominaban los libros y los retratos familiares. Cerca de su despacho, en el que trabajaba sin descanso por la restauración de la monarquía hispánica, presidia en una enorme pared, un gran retrato de su esposo, el rey Alfonso XIII. Aunque su matrimonio estaba roto, e incluso tras morir el soberano, el respeto hacia la figura del hombre que había elegido el destino para unirse, fue siempre de devoción.

Victoria Eugenia de Battemberg, Juan Carlos I, Alfonso de Borbón y Dampierre
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Nada más entrar en la casa, casi siempre aderezada con flores de campo, como las margaritas y las mimosas, llamaba la atención las escaleras en roble blanco, que daban paso a la parte privada del palacete, como las habitaciones, entre ellas los aposentos de la reina, con vistas al lago. Allí vivía con sus dos doncellas, Pilar y Petra. Poco aficionada a salir de casa, allí recibía a buenos amigos como Rainiero y Gracia de Mónaco, y el duque de Alba, Jacobo, padre de Cayetana que era además jefe de la casa de la reina. Algunos sostienen  que algo más: podrían haber sido amantes durante años. Nadie lo ha podido confirmar. Sus jardines y salones fueron testigos de la pedida de mano de don Juan Carlos a doña Sofía. Don Juan Carlos, llamado a reinar, siempre tuvo trato diferenciado en casa de su abuela, una mujer muy estricta en el protocolo. Sí la recordaba su nieta, la infanta Pilar de Borbón. Sin embargo, su nieto favorito era Alfonso de Borbón y Dampierre. De hecho, sus últimas palabras antes de morir fueron para él: “Alfonso, i love you so much”. Sus herederos terminaron por deshacerse de la maravillosa propiedad, que exquisitamente decorada con muebles ingleses que eran de su madre la princesa Beatriz, alberga muchos secretos que nunca sabremos.

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