Señor Zeta: "Ahora trabajo más que cuando no era influencer"

Su pseudónimo en internet, Señor Zeta, nació gracias a un episodio de Los Simpson y a la inicial de su nombre de rapero. De su pasado. No lo ha dejado, pero ya casi no compone. Su cerebro se ha ocupado. El 'youtuber' e 'instagramer' ha cedido el espacio a la fotografía.

Dentro de Carlos Marín hay casi más habitantes que en el horror vacui tatuajil de sus brazos. En Carlos Marín hay un Simpson y hay un rapero. Su pseudónimo en internet, Señor Zeta, nació gracias al capítulo de la serie de animación en el que Homer, bajo el nombre de "Señor X", crea una página web para desvelar de forma anónima los chismorreos de Springfield. La zeta era un derivado de su nombre de rapero. De su pasado. No lo ha dejado, pero ahora casi no compone. Su cerebro ya está ocupado. Ha cedido el espacio a la fotografía.

Antes la imagen rondaba sus ideas, pero fue el formato del vídeo el que acabó por conquistarlas. De Vine, la plataforma de micrograbaciones, Marín pasó a YouTube. Allí su contador de suscriptores alcanza hoy los 778.000. “Y esa”, cuenta, “fue la lanzadera para darme a conocer y centrarme mucho más en la fotografía, que es lo que me gustaba hacer. E incluso fue algo recíproco. El hecho de poder mostrar algo que siempre me había gustado logró que eso aflorase y que a la gente le gustara lo que yo hacía”. Tras una temporada en Flickr, sus carretes comenzaron a descargarse en Instagram. Sus seguidores sobrepasan el medio millón.

El fotógrafo fue antes que el instagramer. Pero el fotógrafo dejó el hobby y convirtió la cámara en profesión cuando se dio cuenta “de que gracias a Instagram podías mostrar tu trabajo y tener cierta remuneración gracias a las campañas con las marcas”. El estilo del ruso @cvatik ha señalado el suyo. De él le interesa sus imágenes “un poco cinematográficas, que cuentan una historia más profunda de lo que parece a simple vista en la fotografía, un poco turbia. Creo que es lo que ahora me está representando más a mí”.

Lo que no le representa es el criterio ajeno. Cuando antes una foto no cuajaba likes como esperaba, “me lo tomaba mal. Me quejaba: es que no funciona Instagram, es que ya está haciendo de las suyas el algoritmo. Pero hay tantos factores que no dependen de ti que no puedes dejar que todos te influyan. La ilusión y la forma de la fotografía las pongo igual para un proyecto encargado como para mí mismo, pero sí que te queda el mal regustillo”.

Sobre sus fotos, Instagram solo puede decidir el formato. A él se somete en encuadre. Se ha centrado, dice, en “querer hacer lo que a mí me gusta. Creo que es un buen camino para no centrarte en lo que crees que va a gustar o funcionar. Prefiero ser fiel y sincero conmigo mismo que saber que una foto va a funcionar mejor porque la gente prefiere el cotilleo, cosas diferentes a las que yo creo interesante”.

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