¿Quién era Antonio Moreno, el español convertido en el primer 'latin lover' de Hollywood?

El actor nació en Madrid y se crió en el sur. Unos años más tarde, tras haberse infiltrado en la élite californiana y mientras trabajaba con Bette Davies, se convirtió en uno de los primeros 'sex symbols' hispanos.

Lo raro, reflexiona el escritor y jurista Mario Garcés, es no hacerlo. Lo extraordinario es encontrar con una niña, con un niño, que no haya fantaseado con la interpretación. Todos quieren ser actores. Antonio Moreno, el primer latin lover de Hollywood, no fue la excepción. 

A algunos la idea se les seca y a otro les cuaja. Hace tres décadas, la de Antonio Banderas cogió cuerpo. En España y en Estados Unidos. No fue el primero. Un tocayo suyo había revuelto, casi un siglo antes, los elencos del cine estadounidense. Su precursor, el de los galanes hollywoodienses, se apellidaba Moreno. En las distancias cortas, se hacía llamar Tony.

Antonio Moreno nació en el año 1897 en Madrid. Hijo de un militar, su padre murió cuando tenía siete años. Su familia recogió sus pertenencias y tomó rumbo a Sevilla. En el sur las cosas cambiaron. Él fue el encargado de mantener a su madre. Llegó a trabajar como panadero. Y acabó llegando a Nueva York. El viaje había sido acordado en 1902., cuando los grandes rascacielos aún estaban en construcción.

En el corazón de la costa este, Moreno ejerció de operario. Pasó por una compañía telefónica y por una eléctrica. Pasados unos años, el madrileño decidió regresar a casa. Solo por un tiempo. Cuando hubo transcurrido una temporada, volvió a hacer las maletas. El viaje de vuelta a Estados Unidos le cambió, para siempre, los planes.

En el barco, Moreno hizo migas con dos actrices. Trabajaban en Broadway. Con desparpajo y su físico consiguieron una oferta. Las intérpretes le propusieron participar en varias obras de teatro. En cuanto puso un pie en Nueva York, firmó su primer contrato artístico. Se alió con el director D. W. Griffith. En sus obras se encargaba de remendar los detalles de la producción. Cada mes, cobraba 40 dólares.

Rompió planes y corazones. En 1923, contrajo matrimonio con Daisy Canfield, la heredera, viuda, de una fortuna millonaria procedente del petróleo. Se convirtió en un miembro aceptado de la élite californiana. Durante un tiempo. Moreno quiso continuar su carrera actoral.

El danzante español inauguró sus éxitos y Mare Nostrum colmó su satisfacción personal. Con un guion de Blasco Ibáñez, Moreno se convirtió en el Capitán Ferragut. Ese año, participó en La tierra de todos. Compartía créditos con Bette Davis. Con ella, decían, compartió también una relación sentimental. Supuesto, apunta Garcés, complicado. Davis era homosexual.

En 1931, Moreno se fue a México. Tenía trabajo. En su agenda de rodaje aparecía Santa, la primera película sonora del cine mexicano. En España, sus horas de trabajo se rellenaron con la grabación de María de la O. De vuelta en Estados Unidos, su carrera comenzó a marchitarse. Ahora, en las películas se hablaba. Él era una estrella de las cintas de con rótulos. A Montero, con su acento español, el cine sonoro lo dejó sin palabras.

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