La verdadera fiesta de la democracia está en los zapatos de María Jesús Montero

El espíritu sartorial de la ministra de Hacienda habita en sus zapatos. La trianera, licenciada en Medicina, lleva en los pies todos los colores de Andalucía, Matisse y Gauguin.

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Todo en el gobierno de Pedro Sánchez ha sido extraordinario. O sea, fuera de lo normal. Inusual. Desde su llegada a la Moncloa, moción de censura a través, al medio de transporte presidencial, el currículum de su equipo, la forma de legislar, vía decreto ley, o el porcentaje de ministras, el más elevado de la democracia española.

Entre hombres, el uniforme para gobernar España, por costumbre, se contiene: traje de chaqueta, zapatos de cordón. En los últimos diez meses, apenas los pantalones del presidente, estrechos como leggings de gimnasio en la recta final de su servicio, han encontrado una grieta por la que destacar.

Entre las mujeres, vaya usted a saber por qué, cada pieza del conjunto se eleva como la de un puzle. Deben encajarse y combinar hasta inspirar la autoridad de una chaqueta con corbata. Entre los ministerios y escaños de ellas han confluido las alternativas estilísticas. Isabel Celaá, ministra de Educación y portavoz del gobierno, ha llevado frente a los micrófonos la sobriedad del norte; moderna y depurada llegó al ministerio de Sanidad la efímera Carmen Montón; Carmen Calvo, vicepresidenta y ministra de Igualdad, ha regado los periódicos de titulares vestida con la elegancia de los colores de las cenas de verano; y María Jesús Montero, ministra de Hacienda, ha vigilado impuestos a través de un tifón de coraje sartorial.

María Jesús Montero, en el centro, antes del debate de TVE. Gtres.

La sevillana ha sido reincidente en el color block. Montero del sur, que no la capitalina, ha combinado rojos lisos con morados, aliviado conjuntos austeros con complementos de resina coloreada, cuadrado vestidos mostaza con medias del mismo color, ojeado sus documentos desde unas gafas de montura verde agua. En ocasiones, ha recurrido al estampado de lunares en faldas y blusas. En otras, incluso ha apostado por el animal print. Pero el alma del armario de María Jesús Montero ha necesitado dos vistazos para retener las miradas. Caminaba baja. El espíritu sartorial de la ministra ha habitado en sus zapatos. La trianera, licenciada en Medicina, ha llevado en los pies todos los colores de Andalucía, Matisse y Gauguin. Sobre una suerte de merceditas con tacón, durante los últimos diez meses Montero ha administrado las arcas públicas y atendido a los medios de comunicación. A veces abotinados, en ocasiones coronados por una lazada, los pies de la ministra han taconeado hacia la puerta del Congreso removiendo el aire que arrastró a Judy Garland en El mago de Oz. En sus pies, una Dorothy ya adulta encontraría la versión de oficina de sus tacones de purpurina roja. En su zapatero, cualquier personaje femenino huido de Animales fantásticos y donde encontrarlos daría con un par de botines de repuesto para regresar al Nueva York de J. K. Rowling sin que las cejas se arquearan a su paso.

La ministra y sus zapatos, en un foro económico. Gtres

El último avistamiento del ánima sartorial de Montero tuvo lugar en el debate a seis celebrado el pasado 16 de abril. Los botines verdes y burdeos con los que, aquella vez de negro, había presentado un foro económico resurgieron esta vez bajo un conjunto rojo de chaqueta y falda asimétrica.

 Se quede o se vaya esta noche, dos lecciones deja la ministra para la historia: que 1.200 millones, chiqui, no son nada y que las agallas también se mide en pies.

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