Las ventajas de planificar nuestras finanzas con tiempo

Los objetivos vitales de cada mujer son tan variados como una carta de colores, por lo que es fundamental realizar un ejercicio de planificación financiera personalizada y ajustada a la realidad y a las metas que tengamos cada una de nosotras.

A medida que vamos cumpliendo años, acumulando vida laboral y ahorro, una conversación se repite cada vez más en las reuniones de amigas: “Tengo que ahorrar para…” y “¿cómo puedo poner a trabajar mi dinero?”. La respuesta por mi parte, en la mayoría de los casos, también suele repetirse, y haciendo gala de mis orígenes gallegos, no podía ser otra que “pues depende”. Todas son distintas y cada una de ellas quiere rentabilizar sus ahorros para alcanzar una meta diferente. Ese tiene que ser el punto de partida.

Los objetivos vitales de cada una son tan variados como una carta de colores, por lo que es fundamental realizar un ejercicio de planificación financiera personalizada y ajustada a la realidad y a las metas que tengamos cada una de nosotras. Esa reflexión va a determinar el horizonte temporal de nuestras inversiones y he aquí el quid de la cuestión.

Porque quizá la compra de un piso se hará realidad dentro de 1,5 o 10 años, pero a buen seguro será antes de que consigamos jubilarnos. Y lo que nos dice la historia financiera es que cuanto más largo sea nuestro plazo, mayor riesgo podemos asumir y mayor rentabilidad podemos generar.

Lo cierto es que si somos inversoras globales, lo que dado el mundo interrelacionado en el que vivimos tiene todo el sentido, la estadística nos demuestra que en ningún período de 10 años un inversor ha perdido dinero invirtiendo en renta variable de diferentes países, lo que se en nuestro argot se dice, “invirtiendo en el índice mundial”.

Incluso si lo hubiese hecho el día antes de la quiebra de Lehman Brothers en 2008, considerada el punto de inicio de la crisis, y hubiese sido capaz de aguantar las fuertes caídas de las bolsas sin vender los activos, en 2015 ya tendría más capital que al principio. Por eso planificar nuestros objetivos con tiempo, sean los que sean, como veis, tiene sus ventajas estadísticas.

La historia nos dice que los horizontes largos son nuestros aliados, pero también lo es el interés compuesto. ¿Y qué es el interés compuesto? La forma más fácil de explicarlo es un simple ejemplo.

Imaginaos que mi amiga Marina saca todos los años el dinero que va ganando, mientras que Eva lo deja invertido. En enero del primer año ambas ponen 1.000€ y consiguen un 5% de rentabilidad. En diciembre las dos tendrán 1.050€. Marina saca esos 50€ mientras Eva los deja. El segundo año vuelven a lograr la misma rentabilidad. La inversión de Marina valdrá 1.100€ (50€ ganados el primer año y 50€ el segundo), pero la de Eva será de 1.102,50€. Esto se debe a que en el primer caso, ese 5% “trabaja” sobre el importe que ponemos (1.000€), mientras que en el caso de Eva trabaja sobre lo que tenemos al principio de cada año en nuestra cartera (1.050€ en nuestro ejemplo). Puede parecer poco, pero vamos a ver lo que pasaría con una inversión de 50.000€ en 20 años, con una rentabilidad anual del 5%:

 Al cabo de dos décadas teniendo la misma rentabilidad pero capitalizándolo de forma distinta, el resultado es algo más interesante. Una ganancia de 32.000€ adicionales que nos regala la magia del interés compuesto.

¿A que puede ser una buena forma de lograr un ahorro para la formación superior de nuestros hijos?

Para conseguir beneficiarse de este efecto nada mejor que planificar nuestras metas con tiempo, establecer una estrategia acorde, ejecutarla y ceñirse a ella por muy feo que pueda parecernos que se pone el mundo. El horizonte temporal y el interés compuesto estarán siempre de nuestro lado.

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