Irene de Grecia: 78 años a la sombra reina Sofía

La hermana de la reina emérita ha vivido como ha querido: con discreción y alejada de alhajas y oropeles

Irene de Grecia
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Ya nada es lo que era. Ni tan siquiera la realeza. La nueva hornada de princesas y reinas poco tienen que ver con sus antecesoras. Sin embargo, vivimos tiempos extraordinarios en todos los sentidos y aÚn quedan eN pie algunos miembros del gotha que vivieron los últimos coletazos de una “era dorada” donde ni las actrices de Hollywood tenían tanto relumbrón como las cabezas coronadas. Irene de Grecia es una de ellas. La hermana pequeña de la reina Sofía no acapara titulares ni figura en la lista de las más elegantes, pero es dueña y señora de un misterio y un misticismo que ya quisieran las Meghan Markle de nuestra era. El 11 de mayo cumple 78 años. La excusa perfecta para preguntarse, ¿quién es realmente la princesa Irene?

Federica de Grecia, Sofía de Grecia e Irene de Grecia
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Irene, princesa de Grecia y Dinamarca, nació en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, en 1942. Es la hija pequeña de los reyes Pablo y Federica de Grecia y quiso el destino que naciera en pleno exilio. Al cabo del tiempo, con el fin de la II Guerra Mundial y la restauración de la monarquía su familia volvería al país heleno y se podría decir que la joven princesa tuvo una infancia feliz, muy normal, con una gran compañera de juegos: su hermana Sofía. Al igual que Leonor y Sofía, las dos hermanas crecieron juntas, a la par, y sin que una tuviera un protagonismo excesivo sobre la otra, aunque Como reconoce Irene: “Mi hermana, la reina Sofía, no solo es mayor que yo, sino que además siempre tuvo madera de líder”.

Entre juegos y aficiones, su infancia y adolescencia estará por siempre ligada al Palacio de Tatoi, donde ambas hermanos dieron sus primeros pasos en una de sus aficiones favoritas: la arqueología. Aparte de ello, Sofía e Irene comparten además devoción por otros dos hobbies: la astrología y la música clásica.

Irene de Grecia fue creciendo y mientras su hermana se casaba con el futuro rey de España, la joven princesa seguía siendo un espíritu libre. Se podría decir que las dos hermanas bebieron de dos lados distintos de la personalidad de su madre, y que en muchos puntos, aun así se encuentran. Mientras Sofía nació para ser reina, para ejercer labores de representación, algo que le encantaba a su madre, la reina Federica, Irene, por otro lado, estaba más interesada en la mística que en un buen matrimonio. $se lado donde la religión y las ciencias ocultas se dan la mano era también un rasgo muy característico de la reina de los helenos. Los años fueron pasando, la monarquía cayó en desgracia, e Irene jamás se casó. Prefirió la libertad y el exilio, primero en la India y más tarde en España, donde reside en la actualidad.

Sofía de España e Irene de Grecia
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Discreta, sencilla y muy alejada de alhajas y oropeles, de su vida amorosa poco o nada ha trascendido. Muchos dicen que estuvo realmente interesada en Jesús Aguirre, segundo marido de Cayetana de Alba, pero que el mismísimo rey Juan Carlos, al percatarse de la fama de arribista del ex jesuíta, le paró en seco.

Quienes la conocen le atribuyen grandes amores. Cómo ha logrado esconderlos de las miradas indiscretas es un auténtico misterio. Y es que la “tía Pecu”, apodo cariñoso otorgado por sus sobrinos, Felipe VI, Elena y Cristina, por su carácter peculiar, es una mujer de grandes secretos que solo ella y en algunos casos su hermana, la reina emérita, conocen. Lo importante es que llegada a la edad de 78 años, la princesa griega goza del cariño de los suyos. Tanto que hasta una sobrina nieta lleva su nombre. La infanta Cristina le puso a su hija el nombre de su tía por la que siente adoración. Quizá el afecto sea la mayor de las recompensas.
 

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