Paola de Bélgica: la historia detrás de la princesa más bella de Europa

La reina emérita de los belgas tiene una biografía trepidante que hizo correr ríos de tinta en los años 70

Paola de Bélgica
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Mucho antes que Diana, Carolina o Letizia, hubo una princesa de extraordinaria belleza que acaparó titulares, protagonizó escándalos y vivió su vida como quiso. Paola de Bélgica, nacida un 11 de septiembre de 1937 siendo princesa Ruffo di Calabria, lo fue todo en su época. Rica, esbelta, rebelde, frívola y, aunque ya pocos lo recuerden, adúltera. Y es que como dijo Antonio Gala de las infidelidades de Paco Marsó: “Paco ya sabemos todos como es, pero es que Concha también ha sido muy flamenca”. Lo mismo se podría decir del matrimonio formado por el ex rey Alberto II y su esposa.

Alberto y Paola de Bélgica
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La vida de Paola transcurrió en su Italia natal como la de cualquier aristócrata de posguerra. Mientras el país se reconstruía, la vieja nobleza siguió viviendo en sus palacios, a todo trapo, sin mucha conexión con el mundo real. Italia ya era una república, pero los nobles como los Ruffo di Calabria seguían siendo venerados como príncipes medievales. No había fiesta en Roma o en la riviera italiana que se perdiese la joven Paola. Como no podría ser de otra forma, la princesa rebelde y minifaldera conoció a su futuro marido, el príncipe Alberto de Liege, en un acto social. Por mucho que fuera la ceremonia de “coronación” del Papa Juan XXIII, aquello no dejó de ser un gran fausto con lo más granado de la Curia Romana y el gotha europeo. El flechazo surgió y un año después Alberto se casó con Paola. Fue solo la primera piedra de un matrimonio atípico que quiso el destino que llegaran a ser reyes.

Paola de Bélgica
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Sus primeros años de matrimonio transcurrieron dentro de lo “normal”. Los problemas empezaron a surgir una vez nació el primogénito, el príncipe Felipe. Años después llegaría la princesa Astrid y ya cuando llegó el tercer vástago, el príncipe Lorenzo, la vida de real pareja ya era una auténtica jornada de puertas abiertas donde entraban y salían coristas, actrices, aristócratas, cantantes, empresarios y fotógrafos. Si Diana de Gales se quejó porque su matrimonio lo formaban tres- en referencia a Camilla Parker, actual mujer del heredero a la corona británica- en el de los príncipes belgas los números eran bastante más altos. El primero en saltar los muros de palacio fue Alberto II. Su mujer, al tener conocimiento, siguió el mismo camino y sin necesidad de montar una manifestación. Lo suyo era verdadero empoderamiento femenino. A finales de los años 60, unas fotografías de Paola en compañía del fotógrafo de la revista Paris Match, Albert Adrient de Munt, en una playa de Italia hicieron temblar los cimientos de la mojigata corte belga con Balduino y Fabiola al frente. Si Alberto tenía una hija ilegítima, Paola, más astuta, le devolvía la humillación de forma pública. Al fotógrafo y conde francés le siguió el empresario Aldo Vastapone y, más tarde, el cantante Salvatore Adamo, quien incluso le dedicó la canción ‘Dolce Paola’. Todo esto le sorprendió a su alteza real siempre morena, resplandeciente y bien peinada. Nunca bajó la cabeza.

Fabiola y Balduino: artífices de la reconciliación

Paola e Fabiola de Bélgica
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Alberto y Paola entraron en una espiral de destrucción. Su matrimonio era una farsa y todo el mundo lo sabía. Pero el jefe de la casa era su hermano Balduino, que más beato no lo ha habido, y jamás permitió que el matrimonio se divorciara. Lejos de ello, la nada festiva Fabiola, se encargó de organizar en 1984 la fiesta de las bodas de plata de sus cuñados. Ahí se empezó a cimentar la reconciliación, a fuego lento, durante 9 años, hasta que murió Balduino y Alberto dejó de ser príncipe de Liege para convertirse en rey de los belgas junto a su mujer, Paola ‘la princesa rebelde’. Por el bien del país y de su familia, la pareja aguantó, unida.

Alberto y Paola de Bélgica
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Los errores del pasado ahí quedaron y ya nada les sorprendió. Su matrimonio había sido una montaña rusa y lo que les quedaba por delante era, por el bien de los suyos, ser un matrimonio más convencional. Lo lograron. Los años de su reinado, de 1993 a 2013, fueron los más estables del matrimonio. Hoy, forman una pareja de ancianos adorable, donde lo que más les gusta es estar con sus nietos. Ni la paternidad de Delphine Boel, hija ya reconocida del rey, hizo temblar su apacible jubilación. Después de todo lo que pasaron, una hija ilegitima era lo de menos.

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