Con la Madre Tierra: hablamos con Carmen Posadas

Escritora prolífica y multipremiada, eterna 'outsider' en todas partes y también mujer comprometida. Carmen Posadas nos habla de la realidad sin máscaras que ha descubierto en sus viajes de la mano de Acción Contra el Hambre, de la esperanza y la voluntad de cambio.

Con la Madre Tierra: hablamos con Carmen Posadas

Carmen Posadas (Montevideo, Uruguay, 1953) es una mujer acostumbrada a moverse entre dos mundos. Ella dice que pertenece a la "generación sándwich", la que está en edad de atender a su madre y a sus nietos, pero lo cierto es que constantemente parece destinada a moverse en el espacio entre realidades casi opuestas: como eterna extranjera entre su Uruguay natal, su hogar en España y los diferentes países (Inglaterra, Rusia, Argentina) en los que se crió siguiendo a su padre diplomático. Entre las soledades de la creación literaria y los compromisos de la buena sociedad. También entre el aristocrático salón de su casa en el madrileño barrio de Las Cortes y las realidades más duras del mundo con las que lleva casi 20 años en contacto gracias a su compromiso con Acción Contra el Hambre. "Una vez al año o cada dos años procuro hacer un viaje sobre el terrero con Acción contra el Hambre. Estos contextos te ponen en contacto con una visión del mundo a la que no puedes acceder de ninguna otra manera. Entras en la realidad de estos países al margen del escaparate de hacerse la foto".

El último destino al que ha viajado la escritora de la mano de la organización, de cuyo patronato forma parte, ha sido Perú. Allí conoció de primera mano y ahora transmite la ingeniosa estrategia para solventar el déficit alimentario que sufren los niños del país. "Una vez solucionada el hambre aguda, el reto es la desnutrición crónica", explica. En Perú, la anemia infantil crónica afecta a un 43% de los menores de 3 años y en las zonas rurales hasta un 60%. "Si un niño no tiene un aporte necesario de este mineral [hierro] durante la gestación y en los primeros dos o tres años de su vida, no solo peligra su desarrollo físico, sino también el intelectual".

¿Por qué es tan innovador el enfoque que Acción contra el Hambre está usando en este proyecto para acabar con la anemia infantil en Ayacucho?  Porque salva el obstáculo del choque cultural. El propio Bill Gates, en su programa nutricional en África, se dio cuenta de que era muy difícil incorporar los suplementos alimentarios porque entraban en conflicto con tradiciones y costumbres locales. En el caso de Perú existe la costumbre de tomar un agüita, una infusión, justo después de comer lo que anula los efectos del suplemento de hierro.

¿Cuál es el papel de las mujeres en el proyecto? Son las líderes y transmisoras de las recetas, son el vehículo para que esto funcione. Se elige a varias mujeres con influencia dentro de la comunidad, que serán las encargadas de introducir los alimentos y los cambios al resto.

Te acompañó tu hermana Dolores como fotógrafa. Sí, he ido con ella a varios viajes de este tipo. Estuvimos juntas en el Cáucaso, es sorprendente ver una situación tan dura en el corazón de Europa. Fue una experiencia de inmersión total, además, porque mi hermana habla muy bien ruso. Mis padres estuvieron destinados como embajadores en Moscú cuando ella iba al colegio. A mí me pilló mayor.

¿Cómo enfocas tu faceta comprometida? ¿Qué te motiva? ¿Qué te aporta? Creo que todo el que tiene una proyección pública tiene la obligación de hacer algo con ella, dar visibilidad a quienes no la tienen. En cierto modo, es un placer egoísta cuando te das cuenta de que influyes en tu alrededor. Además, te aporta conocer realidades a las que de otro modo jamás habrías accedido.

Con la Madre Tierra

¿Recuerdas alguna experiencia que te haya dejado más huella que las demás que has vivido con Acción Contra el Hambre? He estado en la franja de Gaza. Un lugar en el que de otro modo es dificilísimo entrar. Te pasan por un escáner y para llegar tienes que atravesar medio kilómetro que es tierra de nadie. Te ponen un chaleco antibalas y te dicen "si a usted le pica una avispa no se le ocurra moverse bruscamente, que le están apuntando los israelíes por este lado y los palestinos, por aquel otro". En Gaza, la responsable de Acción Contra el Hambre, que es palestina, me contó que su hijo de 4 años diferencia por el sonido si lo que pasa volando por encima es un helicóptero Chinook, un caza o un bombardero.

Dentro y fuera

Carmen Posadas llegó a nuestro país en 1965. "Llegué a una España muy distinta, tremenda, a una España en blanco y negro", dice. Aquí se casó con su primer marido, Rafael Ruiz del Cueto, y tuvo a sus dos hijas,  Jimena y Sofía, siendo una veinteañera. Aquí se convirtió en jet setter primero y en novelista, autora de literatura infantil, ensayista y presentadora de televisión después. En los 90, cuando se hizo con el Premio Planeta por su novela Pequeñas infamias, ya hacía años que se había sacudido el título de 'señora de' por su matrimonio con el entonces gobernador del Banco de España Mariano Rubio, Carmen Posadas era una intelectual por derecho propio. 

¿También en estos viajes, en las experiencias como las de Ayacucho, te sientes una outsider? Me siento bien, creo que este entorno es la verdad. El resto es un escenario. Estamos siempre representando un papel frente a los demás, frente a nosotros mismos, fingiendo para salir bien en la foto, controlando cómo queremos que nos perciban. Cuando te encuentras con estas realidades tan terroríficas te das cuenta de que te estás preocupando por imbecilidades cuando la vida va de otra cosa. La de la desnutrición, la de las necesidades, la del conflicto... esa es la realidad de la mayoría de las personas, nosotros somos unos afortunados.  

Con la Tierra Madre: hablamos con Carmen Posadas

Hablando de imposturas y escenarios. Tú tienes una perspectiva privilegiada sobre lo que fueron los círculos de poder de la España de hace unos años. ¿Cómo valoras los de ahora? No quiero caer en el tópico de que el "cualquier tiempo pasado fue mejor", pero en mi opinión, la gente que estaba en el Gobierno y en los puestos importantes en la Transición y los años posteriores era mucho más válida que la que está en los mismos puestos ahora.

¿No te indigna esta situación, sobre todo cuando tú te movilizas desde Acción Contra el Hambre? No creo que la responsabilidad recaiga exclusivamente en los políticos, esto pasa también en la ciudadanía. Se ha instaurado en el mundo entero un postureo general. Encender un mechero por la paz mundial o poner en Facebook "Je suis Charlie" no cambia el mundo y lo peor es que mucha gente cree que sí. La gente confunde los hechos con los gestos.

¿Cómo te llevas con las redes sociales? Regular. Me abrí una cuenta de Facebook por la editorial, pero tengo la misma sensación que cuando estaba en el colegio y no había hecho los deberes. Requieren atención, responder a cosas irrelevantes. Respecto a Twitter, ni estoy ni voy a estar nunca.

¿Cómo es tu rutina diaria? Soy muy madrugadora. Hago una tablita de gimnasia miserable, pero la hago todos los días. Después escribo hasta la hora de comer. Antes, trabajaba y leía también por la tarde, pero ahora tengo que atender a mi madre y atender a mis nietos que tienen de 8 años para abajo, así que lo que hago es correr desesperadamente para poder verlos a todos. Mis tardes han desaparecido.

¿Qué te molesta de la España de hoy y qué te entusiasma? Me molesta esa falta de autoestima de los españoles. Imagínate que Francia hubiera tenido un imperio en el que no se ponía el sol o un Cervantes. ¿Cómo lo venderían? Creo que está injustificada la mala opinión que tienen los españoles de sí mismos. Es un prodigio lo que ha pasado con este país. Como decía Alfonso Guerra, es un país que no lo conoce ni la madre que lo parió.

Volviendo al presente, ¿cómo valoras los resultados de las últimas elecciones? Creo que ha habido un gran entusiasmo hacia los nuevos partidos, pero luego, a la hora de la verdad, este se ha disipado. Mucha gente optó por volver a votar a los partidos de siempre con la nariz tapada, porque buscaban lo conocido, piensan que son gestores más experimentados de la situación. Creo que la gente se ha agarrado a los que tenían un bagaje en vez de al cambio. Han elegido entre Guatemala y Guatepeor.

Respecto al cambio, tú ya has dado un paso hacia un mundo mejor, ¿qué podemos hacer los demás? Muchas veces uno tiene la sensación de "¿qué puedo hacer yo?", o se queda paralizado porque piensa que toda acción a pequeña escala es irrelevante. No es cierto. Si todos y cada uno de nosotros nos empeñásemos en cambiar el pequeño cosmos que nos rodea, el mundo se arreglaría. No hay que creer que los grandes gestos van por otro lado, no cambian las cosas solo los políticos, los genios y los santos.

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