Así son los perros guía: los ojos de aquellos que no pueden ver

¿Quién no se ha cruzado alguna vez con una persona invidente acompañada por su fiel amigo perruno?

Perros guía, los ojos de aquellos que no pueden ver
iStock.

Los perros guía, conocidos también como lazarillos, son los ojos de quiénes no ven. Pero para llegar a serlo necesitan pasar por un exigente proceso de aprendizaje que, en total, dura dos años aproximadamente. Cada año, unos 140 perros se gradúan en la Fundación ONCE del Perro Guía para ser asignados a una persona ciega o con discapacidad visual grave.

Desde TerranovaCNC os explicamos cómo estos pequeños héroes se convierten en lo que son.

La llegada al mundo del futuro guía

Los futuros héroes son escogidos y cuidados incluso antes de su nacimiento. Para ello se lleva a cabo una exigente selección de sus progenitores que permite obtener cachorros sanos, inteligentes y con un carácter sociable y equilibrado.

Los reproductores viven en casas de acogida, con familias cuidadoras que ofrecen un entorno adecuado y agradable a estos peludos. Las razas más comunes que se seleccionan para convertir en perros guía son Labrador retriever, Golden retriever, Pastor alemán y Flat coated retriever. Estas razas son -por su temperamento y condiciones físicas– las que mejor se adaptan al perfil de perros guía. Son fieles, con gran capacidad resolutiva, se adaptan con facilidad al medio y son valientes y sacrificados.

En España, la fundación que se encarga de seleccionar, criar, cuidar y educar a estos futuros ayudantes es la Fundación ONCE del Perro Guía. En ella nacen y viven los cachorros hasta los dos meses de edad, mimados por sus madres, atendidos por sus cuidadores y controlados por el veterinario del centro. A los 56 días de vida son entregados a una familia voluntaria que se encargará, durante un año, de mantener y de ofrecer todos los cuidados necesarios al pequeño cachorro. 

La familia de acogida: aspecto clave para su socialización

Perros guía, los ojos de aquellos que no pueden ver
Imagen: Fundación ONCE del Perro Guía.

Con los dos meses recién cumplidos, las familias voluntarias educadoras pasan a desempeñar un papel esencial en la vida de estos cachorros: la socialización. En su nuevo hogar, el perro aprenderá a convivir con personas cercanas y con personas extrañas, mientras se desarrolla, juega y recibe mucho cariño por parte de todos.

Además, deberá acostumbrarse a situaciones, objetos y sonidos diversos como el transporte público, el bullicio de las calles, el tráfico, las tiendas, etc. Dado que son futuros perros guía, la legislación les permite entrar en transportes y espacios de uso público, así como en establecimientos.

Las familias educadoras reciben un documento con toda la información necesaria que atañe al cachorro: identificación, historial médico, fecha de la próxima vacuna, etc. Además, les marcan unas estrictas pautas de alimentación que deberán seguir para garantizar una salud óptima.

La Fundación también pone a disposición de las familias un asesor que les ayudará y aconsejará en todo momento para poder corregir defectos. Algunos ejemplos de educación básica que deberá aprender el perro son aprender a caminar al lado izquierdo del dueño y sin tirar o a obedecer órdenes simples como “quieto” y “siéntate”.

Perros guía, los ojos de aquellos que no pueden ver
Imagen: Fundación ONCE del Perro Guía.

Durante los 25 años de existencia de la Fundación, unas 3.000 familias educadoras se han ofrecido como voluntarias para acoger a cachorros y proporcionarles el mejor ambiente posible para su desarrollo y educación. 

Una nueva etapa: el entrenamiento específico

Cuando cumplen el año de edad, los perros vuelven a la fundación supervisora para comenzar su exigente entrenamiento. Éste consiste, entre muchas otras cosas, en enseñarle cómo comportarse para garantizar la seguridad de su dueño y en fomentar su obediencia. 

Durante esta etapa, que suele durar entre 6 y 10 meses, los perros aprenden a comportarse como verdaderos perros guía. Aprenden a no dar tirones, a aceptar el arnés y a desplazarse en línea recta. También se les enseña a sortear obstáculos con los que se encontrarán en la vida cotidiana a través de circuitos con escaleras, barreras, un paso de cebra y hasta la terraza de una cafetería.

El encuentro entre perro y compañero, la última fase

Perros guía, los ojos de aquellos que no pueden ver
Imagen: Fundación ONCE del Perro Guía.

Cuando el perro cumple los dos años de edad llega el momento de la verdad: el encuentro con su futuro dueño, la persona a quien acompañará durante los próximos años de su vida. Este momento es muy importante, ya que comienza la toma de contacto con él para conseguir una correcta adaptación entre ambos.

El objetivo es conseguir un tándem perfecto. No todos los invidentes quieren o pueden tener un perro-guía. Entran en juego diversos factores, como que al invidente le gusten los perros y que quiera comprometerse a cuidar al animal.

Tampoco todos los perros sirven para todos los usuarios: “Tenemos perros en juzgados, colegios… No todos tienen el mismo ritmo, no es lo mismo que viva en un pueblo pequeño con rutas muy concretas o en una gran ciudad, con los desplazamientos que ello implica en metro o autobús”, explica Matilde Gómez, de la Fundación ONCE del Perro Guía.

Perros guía, los ojos de aquellos que no pueden ver
Imagen: Fundación ONCE del Perro Guía.

Por su parte, el dueño recibe una formación teórica y práctica por parte de un instructor de la Fundación, que le enseña a “utilizar” el perro y consigue que perro y usuario se vinculen para formar un equipo de trabajo que funcione. También se le entrega todo el material necesario (arnés, asa, correa, collar, silbato, etc.) y se le proporciona apoyo y asesoramiento en todo momento, además de aspectos técnicos, veterinarios y legales.

La vida laboral de estos perros es de un máximo de 12 años. Una vez cumplidos estos años, se les hace una revisión para ver en qué situación están. Cualquier tipo de falta de seguridad en el desplazamiento o que su salud no sea la adecuada, son motivos de jubilación. Una vez jubilados, pueden continuar viviendo con la persona a quien han estado acompañando o bien pueden volver a la Fundación, donde los acogen, atienden y cuidan. En muchos casos, también hay familias que deciden adoptarlos y ofrecer un hogar a estos pequeños héroes que tan duro han trabajado para facilitar la vida de otra persona.

Los perros guía son una ayuda increíble para las personas invidentes o con problemas graves de visión. Suponen un gran apoyo para llevar una vida autónoma y ser independientes en todos los aspectos de su vida.

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