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15 marcas y un millón de motivos para pasarte a la moda sostenible

“¿Cuántos de vosotros sabéis quién ha hecho vuestra ropa?", pregunta Heather Knight a los asistentes de la VI Jornada de Moda Sostenible celebrada en el Museo del Traje. "Quizá la etiqueta diga 'made in Bangladesh' o 'made in China', pero no te cuenta la historia completa. Solo indica dónde se cosió, no dónde se cultivó y tiñó el algodón, ni mucho menos quién la hizo, cuánto gana esa persona o cómo es su vida", continúa. Ella es la directora de branding, diseño y comunicación de Fashion Revolution, un movimiento global que exige más transparencia, ecología y ética en la industria de la moda. Sostenibilidad, en definitiva. ¿Su estrategia? Trasladar a las marcas la pregunta que Knight acaba de plantear a la audiencia: "¿Quién hizo mi ropa?".

El lema de la jornada es "El mundo cambia con tu ejemplo, no con tu opinión", un mensaje que recuerda al título del libro que ha publicado Brenda Chávez, Tu consumo puede cambiar el mundo (Ediciones Península). Esta periodista señala que "como consumidores, es importante tomar consciencia del poder que tenemos al presionar a las empresas para que sean respetuosas". De ahí que no solo podamos y debamos utilizar nuestro consumo como herramienta de premio o castigo, sino también tomar parte activa en el cambio. "Preguntar quién hizo mi ropa es una forma acertada de iniciar la conversación", indica Heather Knight. No en balde, el hashtag #Whomademyclothes ha copado el trending topic de Twitter en 76 países, y se ha utilizado cientos de miles de veces en Instagram... "Las marcas empiezan a dar explicaciones", apunta la británica.

Usar y tirar

Según Knight, "la sociedad consume un 400% más de ropa y tarda en desecharla la mitad de tiempo que hace 20 años". De modo que la máxima leninista "si no eres parte de la solución, eres parte del problema" también atañe a los consumidores de moda. Así lo entiende Fashion Revolution, creado a raíz del colapso de la fábrica de Rana Plaza, que provocó la muerte de 1.138 personas en 2013. No obstante, la amenaza aún planea sobre Bangladesh: en mayo se vivieron episodios de pánico en Daca debido a las condiciones insalubres en las que los empleados de los talleres textiles atravesaron una ola de calor.  

Gema Gómez conoce bien todas las facetas de esta industria. Desde hace cinco años se halla al frente de Slow Fashion Next, un grupo de profesionales expertos en Moda, Sostenibilidad, Emprendimiento y Negocio, pero antes desarrolló parte de su dilatada trayectoria como diseñadora en dos grandes cadenas textiles españolas. "Fue entonces, en los viajes a Asia, cuando descubrí el otro lado de la profesión que tanto amaba. Hasta el punto de que al regreso de estos viajes me resultaba imposible mandar a producir tales cantidades de prendas, sabiendo que los químicos iban a parar directamente a los ríos y que a menudo las trabajadoras eran niñas menores de once años", recuerda. Heather Knight explica así el problema: "Cada vez se demanda ropa a mayor velocidad y a precios más bajos, de modo que muchos empresarios explotan el medio ambiente y a sus trabajadores para dar abasto".

Comerse la ropa

Por desgracia, la industria de la moda recuerda cada vez más a la alimenticia, cuyos productos se compran y venden como bienes caducos de un solo uso. ¿Te habías parado a considerar que tanto la ropa como los alimentos pueden ser "orgánicos" o "fast"? El caso de Primark resulta revelador. Se trata de la primera cadena de moda en España en número de compradores, y pertenece a Associated British Food, una multinacional británica del sector alimenticio que aplica el mismo modelo de negocio a todas sus empresas.

Hablando de alimentos, Gema Gómez señala que "las tendencias 'se han comido' al producto. Creo que nos han alejado de nosotras mismas y que las mujeres de hoy en día no visten mejor que nuestras abuelas, por ejemplo, que tenían muchas menos prendas pero que les sentaban como un guante". En sus armarios abundaban las piezas confeccionadas a medida, con tejidos de una calidad superior a los empleados en la actualidad. ¡La moda de los años 60 era mucho más sostenible! Pero aún hay esperanza: "Creo que los consumidores son más conscientes. En el vestir, en el comer, en el estilo de vida en general, pero no solo en eso. Se ha discutido sobre algunos temas: ¿por qué no sobre moda?", dijo Stella McCartney a la edición italiana de Marie Claire. En resumen, una nueva generación de consumidores exige un valor añadido a la calidad y autenticidad: la sostenibilidad. De ahí que, según Gema Gómez, aunque solo sea por "esta nueva tendencia de bienestar" que nos lleva a beber zumos detox y practicar yoga o mindfulness, nos acabaremos pasando a la slow fashion.

Despacito y con naturalidad

Pero no nos confundamos. La slow fashion no es la solución a la fast fashion: "La slow fashion es la respuesta a la fast fashion y sus impactos, pero la solución para acabar con los aspectos nocivos de la fast fashion es que las empresas que la practican asuman sus responsabilidades sociales (que paguen sueldos dignos, respeten los derechos laborales, etc.) y medioambientales (que no contaminen el suelo, el agua, etc., que reduzcan los residuos textiles que crean, que no usen sustancias tóxicas en su fabricación, etc.)", nos dice Brenda Chávez. La periodista defiende que ya hay estandarización legal, "pero las corporaciones seguirán cometiendo abusos si no tienen la voluntad real de acabar con ellos y solo les guía el beneficio sin cuestionamientos éticos".

En este sentido, la firma española Ecoalf actúa de forma ejemplar. "La industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo, y el consumo de recursos naturales en todos los procesos es brutal. Desde la fabricación o cultivo de la materia prima, la tintura, acabados... Por eso pensamos que lo más sostenible era reducir al máximo el consumo de recursos naturales. Partiendo de esa base, el empleo de materiales reciclados era lo más lógico, y ese fue el motor de arranque de Ecoalf", nos cuenta Carol Blázquez, directora de la compañía. Así, sus tejidos ultraligeros de nailon proceden de redes de pesca, los de poliéster, del plástico de las botellas de agua, y sus chanclas, de neumáticos."Todo pensado, desarrollado, con residuos recogidos y reciclados, y con un proceso de fabricación cien por cien español", apunta Blázquez. "De esa forma conseguimos transformar la basura en materiales de alta calidad con las mismas prestaciones que cualquier material convencional". Por suerte, no solo Ecoalf procede de esta manera. Cada vez es más frecuente el uso del textil MycoTex y del 'cuero' Amadou, elaborados a base de hongos. Por no hablar de Pinatex, un tejido procedente de hojas de piña.

Embajadoras de buena voluntad

Como buena activista, Emma Watson ha sido una de las primeras celebridades en pasear por las alfombras rojas vestida de forma 'eco'. De hecho, todos los vestidos que lució durante la gira promocional de La Bella y la Bestia estaban certificados por Eco-Age, la organización verde de Livia Firth (productora de cine y esposa de Colin Firth). En el estreno londinense del filme, lució un diseño de Emilia Wickstead confeccionado solo por mujeres a partir de los excedentes textiles de una fábrica. Si quieres saber más, todo está documentado en una cuenta de Instagram creada por la actriz (@the_press_tour), que ya sigue casi medio millón de almas.

Según un informe publicado por la Global Fashion Agenda y The Boston Consulting Group, para el año 2030 el consumo de ropa aumentará un 63%, a 102 millones de toneladas. ¿La buena noticia? Si la industria de la moda mejora su actuación medioambiental y social, no solo aumentará sus perspectivas comerciales, sino que para 2030 también sumará hasta 160.000 millones de euros anuales a la economía mundial. La influyente Miroslava Duma ha advertido el filón verde, y ha fundado Fashion Tech Lab, una empresa que financia, conecta y desarrolla tecnologías de vanguardia e innovación sostenible con el objetivo de transformar la industria de la moda.

Eco-lujo... ¿y eco fast-fashion?

DKNY, Bottega Veneta, Balenciaga, Gucci... La conexión entre ética y estética es cool, y cada vez más firmas de alta gama insisten en ella. Stella McCartney ha sido pionera en subir moda sostenible a las pasarelas más prestigiosas. Nada en sus colecciones es de origen animal. Incluso la seda que utiliza es extraída de los gusanos mediante un innovador proceso que evita cocerlos vivos. "Cuando empecé a trabajar, se me dijo que nunca tendría éxito, sobre todo en accesorios. Ha sido durísimo, pero es un desafío que me da fuerzas para avanzar y define la contemporaneidad de mi firma", confiesa. "Los diseñadores debemos pensar en prendas que duren lo más posible, en vez de que acaben a la semana en un contenedor".

Como decíamos, McCartney no está sola. Otra británica, Mara Hoffman, comparte sus ideales, así como Ralph Lauren o algunas de las grandes firmas de alta joyería. Y por si fuera poco, el conglomerado de lujo Kering promueve desde 2012 un programa de Responsabilidad Corporativa que está rompiendo prejuicios sobre el atractivo de la moda sostenible.

"Es cierto que hace unos años todo lo sostenible era 'eco-feo'. Parecía que implicaba dejar de lado la parte estética, pero es obvio que no solo en moda, sino en muchos ámbitos. Por fortuna, lo sostenible ya está triunfando en diseño", nos dice Sandra Pina, directora de Sustainable Brands España y socia de la consultora en materia de sostenibilidad Somos Quiero.

Así se aprecia en las preciosas mochilas de Hemper, los jerseys de Iaios o las alpargatas de Mimmëko. Pero también en las colecciones Conscious y Conscious Exclusive, de H&M, Join Life, de Zara, o Mango Committed... Las líneas 'eco' son tan punteras en diseño como el resto de la fast fashion. Claro que hay que tener en cuenta la reflexión de Brenda Chávez: "Me pregunto que si son capaces de sacar estas líneas, por qué no lo aplican a todo su modelo de negocio (...). Si no, lo único que están llevando a cabo son greenwashes para dar una buena imagen frente al consumidor y sus inversores, pero no un cambio real".

El futuro será sostenible o no será

Sandra Pina lo tiene claro: "Ser sostenible pronto será una licencia de obra para todos. Uno será sostenible o no será". Y hay que empezar lo antes posible a ganarse esa licencia. Las nuevas camisetas de Ecoalf, elaboradas en un algodón regenerado con más de dos años de desarrollo, rezan "Because there is no Planet B" y no se nos ocurre un motivo más convincente.