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¿Cuál es el origen real de nuestra obsesión por los volantes?

Capaces de transformar un diseño por completo y modelar a placer la figura, estos elementos de origen español fueron ideados por el sexo opuesto. Indagamos en las raíces de los volantes.

JOHANNA ORTIZ ORIGEN VOLANTES
En los volantes de Johanna Ortiz siempre es verano. Instagram de @JohannaOrtizOfficial

Siempre has asociado los volantes a España, ¿verdad? Y sin embargo, ya existían quinientos años antes de que se inventara el traje de gitana. En realidad, este surgió hace menos de un siglo, en 1929, algo que ya sabrás si eres una lectora fiel de Marie Claire, pues lo hemos abordado de forma reciente, a propósito de los lunares. Colorida, plagada de volantes y con estampado de topos, la bata de faena de las gitanas que acudían a las ferias de ganado andaluzas fue copiada por las damas para acudir ese año a la Exposición Universal. Su imagen se proyectó en todo el mundo, erigiéndose como referente de la cultura española y traje regional de Andalucía.

 Del puño al cuello

Los primeros volantes, en cambio, fueron ideados por los soldados españoles. En el siglo XV, solían llevar varias capas de ropa y a menudo se cortaban los extremos de las mangas exteriores para revelar la tela que había debajo, dejando a la vista unas arrugas naturales. Los sastres se fijaron en este detalle de tendencia y comenzaron a reproducirlo cosiendo cuerdas flexibles al inicio del puño, con el objetivo de que al tirar de ellas se formaran volantes.

Pronto se replicaron en el cuello, dando lugar a la gorguera. A diferencia de los hombres, las mujeres utilizaron esta pieza blanca para cubrir el escote. La gorguera evolucionó hasta que en 1520 tomó una forma de cuello rizado muy almidonado que pasó a denominarse lechuguilla, que también llevaba puños a juego.

El séquito de Carlos I impuso la moda en España, que gozó de amplia acogida durante los reinados de Felipe II, y Felipe III (llegó a medir 30 cm de ancho). Con Felipe IV, la lechuguilla fue encogiendo hasta que la suprimió oficialmente en 1623. A continuación, se pasó a usar puños y adornos de encaje en el escote como una interpretación más amable. Eso sí, siempre como piezas independientes.

A lo grande

Como gran elemento decorativo de faldas, nacieron en Latinoamérica en el siglo XVI, con el traje tradicional femenino de Guanajuato (México), que consistía en cuatro faldas de volantes superpuestas (6). No obstante, no se cosieron a las camisas hastael siglo XVIII, donde se aplicaron dando lugar a las chorreras.

En Europa, la falda de volantes surgió propiciada por la llegada del miriñaque en 1848, como un diseño que armonizara con este elemento. Alcanzó proporciones exageradas: al final del período, hubo faldas de hasta veinte volantes.

Eco en la eternidad

Durante el siglo XIX surge la bata cubana, inspirada en los deshabillés o batas de casa que llevaban las damas criollas de la época y que más tarde recibió influencias de los trajes que lucían las artistas españolas que fueron a 'hacer las Américas'.

Durante el siglo XX, se expulsó a los volantes del armario masculino. Solo la estética new romantic rescató las chorreras en los 80, una corriente que vuelve de forma silenciosa. Este verano, sin embargo, arrasan en su versión más femenina: de gran formato y supercoloridos en Molly Goddard, Dolce & Gabbana o Valentino; estampados en Erdem o Marc Jacobs; y en sencillos vestidos blancos en Rodarte o Carolina Herrera. Y todos son mejores que el Photoshop: disimulan al natural cualquier complejo.

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