Masturbación femenina: ¿todavía un tabú?

El 75% de las francesas admite que se masturba. ¿Quiere esto decir que por fin esta práctica está aceptada, considerándose de lo más normal y liberadora? No. A veces por vergüenza y otras por ignorancia, algunas mujeres todavía siguen sin dar rienda suelta a su placer.

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Clítoris de origami, de Lucía Berástegui-Sampedro

Por mucho que existan libros que analizan la sexualidad femenina, que cada día las mujeres usen más los juguetes sexuales o que el autoerotismo haya triunfado en la cultura pop –no hay más que ver a Rihanna y a Miley Cyrus, o las campañas publicitarias de American Apparel–, 40 años después de la liberación sexual, la masturbación femenina sigue estando mal vista.

Cleo (1), una estudiante de 20 años que está preparando su doctorado y con pareja desde hace uno, cuenta que se masturba todos los días “por pura necesidad fisiológica, para satisfacer los impulsos salvajes de mi deseo, o simplemente para aliviar la tensión”. Abby, de 30 años, directora de producción y soltera, afirma que se masturba todas las semanas “para tener un orgasmo garantizado al 100%”, mientras que Flora, artista soltera de 29 años, dice que “solo lo hago cuando estoy enamorada, porque entonces el sexo me apetece todo el rato”.

Jamás ha habido tantas francesas que sucumban al onanismo: un 75% reconoce en la actualidad sus prácticas onanistas, frente a un 42% en 1992 (datos del año 2015, del IFOP). Pero si echamos un vistazo más en profundidad, solo una de cada dos lo hace “con bastante regularidad”, menos del 20% lo practican "a menudo”, y una de entre cuatro dice que nunca lo ha probado. Estos datos son tres veces inferiores a los de los hombres, o a los de las canadienses y a los de las europeas del norte, donde un 90% declaran ejercer esta práctica.

En Francia, según señala François Kraus, director de estudios del IFOP, “para las mujeres, siempre es más difícil asumir una sexualidad puramente compulsiva e individualista". Leonie, directora de cine de 30 años, afirma que “cuando hablo de ese tema, me sonrojo. No sé por qué, pero esa es la realidad”.

Ella habla sin problemas de sexo, pero de la masturbación, no, “nunca”. Algo parecido le pasa a Teófila, administrativa de 28 años; en la actualidad admite que se masturba “a menudo”, pero que de repente, le invade un sentimiento de vergüenza que le impide asumirlo: “Parece una tontería, pero me siento un poco esclava de mi cuerpo. Y además, si alguien me viese, ¡me sentiría tremendamente ridícula!”. Una vergüenza que la lleva a no volver a hacerlo hasta pasado un buen tiempo.

Anormal disfrutar sola

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Cléo nunca ha sufrido ese sentimiento de culpabilidad y si algo le pone de mal humor es “la incomodidad y el silencio” que existe en torno a ese tema. “Hasta el lenguaje da a entender que el tema es tabú. De las mujeres, se dice que se tocan o que se acarician, algo que suena delicado y encantador.

¡Pero cuánta hipocresía! Las mujeres nos masturbamos y nos tocamos de manera rápida y mecánica”. La escritora Jane Hunt (2) señala que “la sociedad todavía no está cómoda tratando el tema del placer femenino, pero no hay que olvidar que venimos de sufrir miles de años de opresión”.

Venimos de muchos siglos de represión médica y de demonización judeocristiana del onanismo. Además, para la filósofa Geneviève Fraisse (3), “ahí donde el placer masculino ha estado siempre encuadrado dentro de un proceso de autonomía y de autosuficiencia, el placer femenino poco a poco se ha ido enmarcando en un proceso de heteronomía y de dependencia hacia el hombre”.

En 2015 y siempre según el psiquiatra Philippe Brenot (4), el mayor obstáculo en la búsqueda del placer en solitario era la creencia de muchas mujeres de que “el placer solo puede provenir del exterior o que si se masturbaban, ya no desearán a su pareja”.

Lena, una diseñadora de 30 años, tuvo su primera experiencia orgásmica con 11 años, cuando experimentó con placer “el pequeño estremecimiento provocado por [sus] caricias”. Rápidamente, asumió el placer que se procuraba a sí misma. Pero veinte años después observa cómo muchas de sus amigas piensan que “es anormal disfrutar sola”.

Se sorprende, pero también lo entiende: "Siempre nos han dicho que el desarrollo sexual pleno de una mujer se supone que debe de ser en pareja. Todavía seguimos creciendo con la idea de que una mujer simplemente necesita a un hombre para ser feliz. Si se masturba, es porque probablemente esté un poco frustrada o directamente porque sea una ninfómana”.

 Y por mucho que las mentalidades estén cambiando –y que, como sostiene Geneviève Fraisse, “muchas mujeres están liberadas, y no están por el placer aleatorio ni por la dependencia del disfrute”–, las viejas costumbres se resisten a morir. Según el Dr. Brenot, muchas mujeres ignoran que “la masturbación no es ni sucia, ni vergonzosa, ni perversa, ni se limita a la adolescencia o al celibato”. Aún así, las hay que renuncian a practicarla. En el mejor de los casos, la retoman cuando son adultas; en el peor de los casos, se reprimen y la rechazan, por temor a la anormalidad, por vergüenza a sus propias pulsiones sexuales o por ignorancia de los mecanismos del placer.

 Una ignorancia que tiene sus consecuencias, como demuestra el que cerca de ocho de cada diez francesas tienen problemas para disfrutar del sexo (5). Para los expertos, el diagnóstico está claro. Además de las dificultades relacionadas con el reinado de la sexualidad centrada en el falo’ (6) el Dr. Brenot explica que “hoy sabemos que la satisfacción sexual está fuertemente ligada a la precocidad de la masturbación y su práctica habitual”. Pero ahí donde los hombres desde la adolescencia tienen un ‘reflejo eréctil’ y tienen a su favor la banalización de la masturbación masculina, las mujeres tiene que navegar a ciegas; sin referencias y sin una educación sexual específica.

 A su vez, la politóloga Janine Mossuz-Lavau (7) señala que “todavía hay muchas mujeres que no saben cómo están hechos sus cuerpos, ni incluso cómo es su sexo”; y eso porque los mecanismos del placer femenino –que según el Dr. Brenot “no tienen nada de instintivos” y que se adquieren, según el sexólogo Yves Ferroul (8), “por ensayo y error a lo largo del aprendizaje de la masturbación”–, permanecen ocultos en la oscuridad.

Para el Dr. Brenot “la educación sexual sigue centrada en los temas de la fecundación, la anticoncepción y la prevención, temas que por supuesto son fundamentales, pero insuficientes”. Sobre todo porque el aprendizaje del placer puede durar muchos años.

El desencadenante

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Luisa, de 33 años, artista visual, nunca había experimentado un orgasmo antes de cumplir los 30. Ni sola, ni en pareja. Sola, lo había intentado de todas las maneras inimaginables, hasta el aburrimiento: “Entendía que era algo que no iba a disfrutar en mi vida”. A sus ojos, un fracaso: doloroso y frustrante. Hasta vergonzante, puesto que sus amigas presumían encantadas del placer que se propinaban en solitario.

Entonces, hace dos años, una vez superada una ruptura sentimental y embarcada en una nueva historia de amor, entró en Internet para buscar información al respecto y lo volvió a intentar… cosa que por fin, logró experimentar. En la actualidad, todavía no logra tener orgasmos cuando hace el amor. “La penetración me procura sensaciones increíbles, pero para gozar, me masturbo al lado de mi novio. Nunca he tenido muy claro en qué consistían los orgasmos clitoridianos y vaginales, ni sus diferencias”.

Cleo tiene claro que “cuanto más practicas, más disfrutas”. Después de años de práctica, ahora tiene “orgasmos mucho más fuertes que cuando era joven”. ¿Y el truco del orgasmo vaginal? “Lo he deseado, probado y trabajado... masturbándome”.

Ya sea con 15 o con 65 años, nunca es demasiado tarde para probarlo.

Notas a pie de página

1. Los nombres han sido modificados.
2. Autora de Osez la masturbation (Atrévete con la masturbación, ed. La Musardine).
3. Ex-delegada interministerial de los derechos de la mujer, autora de Les excès du genre (Los excesos de género, ed. Lígnes).
4. Autor de Nouvel éloge de la masturbation (Nuevo elogio de la masturbación, ed. L’Esprit du Temps).
5. Estudio sobre la sexualidad en Francia, dirigido por Nathalie Bajos y Michel Bozon (ed. La Découverte), y la encuesta del IFOP “Las francesas y el orgasmo”, (2014).
6. Basado en la penetración vaginal que, según el IFOP,  solo satisface “muy fácilmente” al 28% de las mujeres.
7. Autora del Dictionnaire des sexualités (Diccionario de las sexualidades, ed. Robert Laffont).
8. Co-autor, con Elisa Brune, de Le secret des femmes (El secreto de las mujeres, ed. Odile Jacob).

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