De la cartelería nocturna pecaminosa a la ropa de fitness: esta es la historia colores neón

Esta primavera-verano no existe 'el color de la temporada', sino que se impone una gama cromática marcada por el optimismo, la confianza en una misma y las ganas de ser libre. ¿Casualidad? Imposible.

Corría el mes de septiembre cuando Prada, Valentino, Jacquemus o Rochas decidieron deslumbrar a los asistentes a sus desfiles de primavera-verano introduciendo diseños neón en las colecciones, aunque jamás hubieran podido prever que una pandemia acechaba a la vuelta de la esquina, y con ella, las cotas de popularidad que esta chirriante paleta alcanzaría.

Desde que comenzó el confinamiento, nuestros vecinos no se han quitado el chándal; y se han engalanado con la equipación del gimnasio para emprender carreras al encontrar una excusa: trayectos al supermercado, a los cubos de basura y paseos con sus hijos. Piénsalo un minuto: ¿a cuántos 'papás neón' has visto cargando bebés o al trote tras el carrito?

Aunque su gran momento comenzó el 2 de mayo, cuando se flexibilizó el confinamiento. Toda España pareció comenzar a prepararse para las Olimpiadas de Japón, y por las calles se extendió con frenesí esta ropa en tonos vibrantes, concebida para runners que se juegan la vida esquivando vehículos y peatones.

Un siglo de irreverencia

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Portada del libro Party Faces (1983). © D. R.

El neón fue descubierto en 1898. En 1892 se desarrolló la luz fluorescente, y en 1910, el tubo de neón. De la mano de Andy Warhol, sus colores marcaron un hito en la cultura pop tres décadas más tarde, gracias a las serigrafías que elaboró con el rostro de Marilyn Monroe en 1962, el año de su muerte. "Me encanta el neón, una creación tan humana, ruidosa y desagradable", dijo el diseñador Christopher Kane. Brillante, descarado y artificial, no siempre se ha asociado con el buen gusto.

Mientras que los tonos apagados cuentan con una reputación más elegante e intelectual, los neón se han ligado a la diversión, la frivolidad y el exceso. En especial, por haberse vinculado desde los años 30 a la escandalosa cartelería nocturna, que suele conducir a lugares pecaminosos. Resulta casi imposible lograr la fluorescencia en textiles usando métodos de impresión estándar. De ahí que los diseñadores recurran a menudo a pigmentos especializados, como los colores planos Pantone. Esa fue la técnica utilizada brevemente en los 60 y más tarde, en los 80, su época de esplendor y una de nuestras grandes influencias estéticas contemporáneas.

A lo largo de esa década, los tonos neón se fueron infiltrando en Hollywood, con películas que rinden tributo a los ideales de inocencia y juventud, lejos del cine realista de los 70 (plagado de antihéroes, finales trágicos y bastante gris, en conjunto). Además, la MTV comienza a emitir videoclips en 1981, donde el flúor activa un resorte de optimismo y vitalidad en la audiencia. Era novedosa, juvenil y rotundamente alegre y llamativa, así que cada vez más gente se fue identificando con la revolución neón, que transformó esta tendencia en un estilo de vida: confianza desbordante y ganas de ser visto. Se reclamaba atención mediante shorts y monos de lycra, así como otros materiales artificiales, bien tornasolados y reflectantes.

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Desfile de Valentino PV-20. © Imaxtree

En los noventa, los club kids más canallas se apropian de la fluorescencia, que salta de su ropa al maquillaje, con fórmulas que brillan en la oscuridad. En la actualidad, todavía define a diversas contraculturas, que los exhiben como emblema de libertad, alegría y estas salvajes (anime, cyber-goth...).

Más allá de runners y outsiders, quizá la cultura de Instagram haya favorecido su adopción temprana. Tan llamativo en el feed, un look en estos tonos perfila al usuario como un consumidor de moda audaz, que conoce y sigue las tendencias. Por no hablar de que desprende positividad y confianza, ahora tan necesarias.

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